Autor: Manuel Avilés 

Fotografía de Carolina Roca

Me he colado en una fiesta de la policía – el Santo Ángel, su patrón- había mil guardias civiles porque la Virgen del Pilar está muy cerca y son primos hermanos, pero sin confundirlos. De la cárcel no había nadie, o yo no lo he visto, porque los uniformes no son los antiguos con botones dorados y hombreras ignotas para el común de los mortales. Yo, que fui director de varias cárceles, me puse una vez el uniforme al que hago mención y con mis hombreras con tres coronas, me daban taconazos hasta los coroneles en plena calle. Mi poco espíritu militar, aunque aun temo que me reenganchen por mi condición de artillero antiaéreo, si Putin se decide a bombardear occidente como si fuésemos ucranianos, hace que me encuentre en el ágape, como gallina en corral ajeno.

Intenté, en mi etapa directiva, que acudiese tanta gente a la fiesta de la Merced, como a la del Pilar o el Santo Ángel. Nunca lo conseguí. La plebe no tiene ni idea. No se dan cuenta de que, a pesar de que los policías sean guapos, altos, rubios y, en las películas siempre se lleven a la cama a la rubia de bote, ni, aunque los guardias civiles   – a raíz de las novelas de mi amigo Lorenzo Silva se estila que las novelas negras las protagonicen ellos- sean cachas de gimnasio y licenciados en las disciplinas más raras, eso importa muy poco. En manos de la guardia civil o la policía, puedes estar tres o cuatro días. En la cárcel, si hay motivo, te puedes pegar temporadas que ni te imaginas. Acuérdense de aquel chiste de políticos: fueron a una escuela y a una cárcel. Todo el dinero para la cárcel. Preguntado aquel líder sobre lo injusto del reparto, aquel líder visionario y brillante contestó: nosotros, a la escuela, ya no vamos a ir.  Preguntadle, sobre la dificultad de salir. a Koldo, a Ábalos o al negro que dicen que violó a una, que se está comiendo una condena mucho más que dudosa y no le dan ni permiso, aunque el mismísimo obispo que celebra esta fiesta interceda por él ante la santísima trinidad en pleno. Lean, si les quedan ganas “El gato tuerto” con la justicia sumida en el entuerto continuo. Mis teorías criminológicas se reafirman – no quiero a ningún politólogo haciendo informes de nada, la fabulación es intrínseca a la politología. En cada informe mi primera pregunta es quien lo ha pagado y en cada acusación, quien se beneficia de la condena y quien cobra la responsabilidad civil.

La vida es mero utilitarismo. Vean, si no a Pedro Sánchez. Mil veces ha predicado -en el desierto como los antiguos profetas- diciendo que agotaría la legislatura y hoy, cuando yo soñaba que mi chica, la que me ha dejado tirado como una colilla, volvía a mi con mil besos e incluso soltándose los corchetes de la parte de arriba. La alarma del teléfono ha sonado avisando de la convocatoria de elecciones, mucho antes de que nos comamos tranquilos el turrón. Ha cortado de raíz mi romance cuando andaba en forma y preparado para consumar la operación que mi chica proponía con señales inequívocas. ¡Mierda! ¡Que inoportuno es Sánchez convocando!

Me he levantado y no me he duchado, porque el tío del gasoil no ha venido y meterme bajo un chorro de agua fría es una tortura que solo aguanté en la mili, bañándome en el Duero, en Sardón, donde vigilaba un polvorín con unos soldados que dormían mas que las marmotas en cada una de las garitas en que los colocabas. 

Tengo tres teles en casa   – una en blanco y negro, pero que aún funciona- he puesto todas las cadenas posibles para ver las reacciones a la convocatoria.  He llegado a la misma conclusión que llegaba el profesor Sacarino cuando yo estudiaba Filosofía en Granada: lo que pasa ahora mismo es que hay diversidad de opiniones.

Mil veces he dicho que Sánchez es un genio de la política. Un Maquiavelo del siglo XXI.  Me ratifico después de esta última jugada. Ha rectificado sobre la marcha acerca de la invasión de Ceuta. Decía que era una crisis migratoria y, nunca ha dicho lo contrario, aunque era evidente el ataque preparado y perpetrado por Marruecos, que él define como colaboración de un pueblo amigo. Sonríe gozoso y pasivo ante las acampadas de antisistemas de todo tipo por el desahucio de una tal Maricarmen que pasará a la historia como protagonista de un Real Decreto. Esta señora le da una baza de oro para salir y tapar el descosido de los Caballas. A Maricarmen es posible que le den la Cruz de Isabel la Católica o la del Papa Borgia   que fue quien la llamó así.  Le tumban dos decretos – que raro dos decretos a la vez sobre la misma cosa pudiendo ponerlo todo en uno. – y Sánchez se va a reflexionar para aumentar la tensión y el interés en su egregia persona.

No he visto en ocho años   – yo lo voté, pero me retiré cuando la amnistía puigdemónica. No se puede amnistiar a los golpistas porque siempre reinciden. Eso está históricamente demostrado: Fernando VII – traidor, ladrón y vendedor de su país, y no nombro a más del siglo XIX porque no me caben en el artículo-, Sanjurjo, Mola, Franco, Tejero, los hermanos Cuspinera, Inestrillas. No conozco ni un golpista que no lo intente otra vez después de perdonado. Sigamos la trayectoria de Puigdemont ahora que vuelve de su larguísimo veraneo, pagado por todos, en Waterloo.   En ocho años no ha habido legislación sobre alquileres. Urgentemente monta los decretos, anteponiéndolos a los Presupuestos, tantas veces intentados como rechazados y, rechazados estos también, organiza la campaña electoral con una preocupación por la vivienda nunca vista. De sobra sabemos que su gran preocupación es el mismo, incluyendo en la vivienda los colchones nuevos.

Sánchez ha resucitado la famosa “Bodeguilla” de Felipe González – se desprecian mutuamente-. Me han chivado, en esa recepción festiva en la que me colé-que ha habido raciones de gambas sin límite parta ese líder de los trabajadores que no ha trabajado nunca. El señor de la pashmina, siempre con el cuello protegido y que ha acogido en el sindicato que fundó Pablo Iglesias, bajo sus siglas, a lo más ultraderechista de este país, le prepara a su jefe una huelga general en periodo electoral para demostrar su fuerza y hacerle propaganda. Lo nunca visto: jamás ha hecho una huelga conta el gobierno y la hace contra la oposición. ¡Cómo cambian los tiempos y las formas de hacer política!

Hay dos lemas inamovibles y Feijo se hace el Sordo – como el líder del sindicato acompañante y sumado a las gambas-. Dos lemas que resumimos en uno: vamos contra la ultraderecha, causa de todos nuestros males, porque si no votáis a Sánchez os vais a equivocar.