Autor: Sergi March

Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Un día en el que hablamos de pedir ayuda, de romper estigmas y de la importancia de cuidar nuestra salud mental.

Todo eso es necesario, pero creo que seguimos olvidándonos de una parte muy importante: lo que pasa después.

Porque tener un problema de salud mental no significa que todo ocurra dentro de una consulta ya que la salud mental también se vive en casa, con la familia, con la pareja, con los amigos, en el trabajo y, sobre todo, en nuestro entorno más cercano.

En mi caso, convivo con un Trastorno de Identidad Disociativo (TID) y amnesia disociativa. Durante muchos años no sabía qué me estaba pasando. Hoy conozco mucho mejor mi realidad y he aprendido a adaptarme a ella, pero eso no significa que siempre sea fácil.

Y aquí quiero reivindicar algo que para mí es fundamental: no basta con decir que apoyamos la salud mental, hay que demostrarlo.

No necesitamos que todo el mundo entienda perfectamente lo que nos pasa, pero sí que las personas que tenemos cerca hagan un esfuerzo por comprenderlo. Que escuchen, que respeten, que tengan paciencia y que se preocupen de verdad.

Porque es muy fácil hablar de empatía y mucho más difícil practicarla cuando lo que tenemos delante no encaja con lo que nosotros conocemos o esperamos. También es muy fácil decir «si necesitas algo, aquí estoy», lo difícil es estar cuando esa persona realmente necesita que estés.

El entorno puede ser un apoyo enorme, pero también puede hacer mucho daño cuando invalida, cuestiona o simplemente decide no querer entender.

Por eso, este 10 de octubre, además de hablar de salud mental, creo que deberíamos hacernos una pregunta: ¿qué hacemos nosotros cuando alguien cercano nos dice que no está bien?

¿Escuchamos? ¿Intentamos comprender? ¿Respetamos aunque no entendamos? ¿Nos preocupamos de verdad?

Porque cuidar la salud mental también es eso.

Y quizá, si queremos acabar realmente con el estigma, tengamos que empezar por algo tan sencillo como dejar de juzgar aquello que no conocemos.

La salud mental no debería importarnos solamente el 10 de octubre.