Autor: Manuel Avilés

Autora de la fotografía: Carolina Roca

A punto del cumpleaños – lo volveré a celebrar como el año pasado pero esta vez diré que cumplo cuarenta y dos- paseo con mi perrita Casilda, el amor de mi vida, por el patio de los juzgados. Con unas canas más, pero con idéntico peso al que tenía cuando tomé posesión de mi flamante plaza de funcionario, el último mono, en junio del 77. Nada ha cambiado. En lugar de presos paseando sucios, con ropa vieja y aspecto inevitable y pordiosero de los quinquis de la época. Ahora hay tipos tatuados, con chandal horteras baratos, vestidos con el uniforme que se lleva. Los abogados usan como despacho las sombras de los árboles y ese patio de Monipodio moderno, contiene la misma clientela que aquella cárcel, entonces cercana a la desaparición que, para que sonara bien, llamaron reformatorio de adultos de Alicante. Entre los mercadillos de Benalúa y Babel, a cárcel se tornó en mercado de condenas y archivos. Han desaparecido los muros y las garitas, ha desaparecido el frontón donde jugaba la “Banda del Mono” y, en el patio de menores, donde paseaban el “Pinteño” y Cortés Escobedo, ahora se hacen fotos los novios cuando salen recién casados del Registro Civil. El uso social de la cárcel, ahora es uso social para meter gente en la cárcel y someter a otros con el documento del matrimonio. Cuarenta y nueve años después el mismo patio que odiaba, en el que me aburría como un mostrenco, sigue ahí, impávido, como si no hubiera pasado nada. No hay nada nuevo bajo el sol.


Seguimos con los combustibles mucho más caros que el jamón ibérico de bellota. Ya saben: los precios los fija el líder mundial, el dictador megalómano que tiene derecho sobre la vida y la muerte como los emperadores romanos. El que hace bueno el dicho de Kubati de que la democracia no existe porque manda el que tiene las armas. Trump comparte que se condene a muerte a un negro que ha matado en un atraco. El no sufre ninguna condena por bombardear lo que se le pone en los mismísimos para conseguir sus objetivos.


No me gustan los ayatollahs, no me gustan los regímenes teocráticos con la sharía como única norma jurídica – ellos luego se inventan qué dice esa sharía para hacer lo que les viene en gana-, no me gustan las mujeres con velos hasta los pies, tapadas, humilladas y sometidas. No me gustan las explanadas llenas de tíos sin zapatos, de rodillas y dándose cabezazos en el suelo porque es pura sugestión que solo sirve en tanto que invade la cabeza del que se los da aunque no hay ningún Dios que responda ni oiga esos cabezazos – también sirve para otras ceremonias, en religiones similares.


Trump – que tendría que responder como Netanyahu, como Putin y como tantos dictadores en tantos sitios, de sus crímenes, incluido un detallado análisis mental sobre patologías- ha dejado de bombardear Irán por ahora. Netanyahu, que quiere crear el gran Israel, como los etarras querían crear la Gran Euskalherría, desde Burdeos hasta la Rioja y el desfiladero de Pancorbo. Netanyahu dice que sigue bombardeando el Líbano y que quiere un franja importante para estar seguro. O sea territorio suyo: Gaza, Líbano y Cisjordania, el Gran Israel y porque no le dejan más.


Ahora Trump, bloquea el estrecho de Ormuz de nombre fatídico. Saben que mi chica me dejó. Ella, la más dulce, la más guapa, la de la piel mas sedosa, la más deseada por el universo entero, se ha ido sin decir ni adiós. Soy un pelmazo, lo he dicho varias veces como catarsis. Intenté el otro día intimidar – sinónimo de intimar para aquellos presos que habitaban Benalúa hace cuarenta y nueve años-. Ya estaba siendo difícil cumplir, porque la tengo grabada con un punzón en cada hendidura del cerebro. Mis ojos, mi pensamiento, mi memoria no la sueltan ni un segundo. En estas, intentando el inicio del festejo erótico, me dice la muchacha melosa: oye cariño, ese sitio que tanto suena ahora en la radio, Ormuz, ¿es el pueblo de Andalucía donde descarrilaron los trenes? No mi amor, respondí, sorprendido y cabreado a partes iguales. El pueblo donde no se dieron cuenta de que la vía estaba rota porque los ministros de fomento se dedican a otras cosas, es Ademuz. Entre Ademuz y Ormuz hay por lo menos seis mil kilómetros de distancia, pero son nombres parecidos. Vamos a dejar la geografía y vamos a lo que vamos. Fracaso total. Gatillazo. No la puedo olvidar. Estoy marcado a fuego por ella, como los caballos y los terneros en las películas del Oeste. Tendré que cargar con su imagen ausente, hasta el último día. ¡Señor, llévame pronto!


Trump quiere someter al mundo porque, como repite veinte veces al día, como yo mi abandono, tiene el mejor ejército del mundo y misiles y bombas como para alfombrar Irán entero y Afganistán de propina. ¿Por qué se empeña en dejarnos claro una y otra vez, que salvo chinos, rusos y coreanos del norte, los demás somos sus fámulos y él se salta a la torera las normas que nos inventemos y le recomendemos cumplir. Es el chulo de la barraca y este no desarrolla peleas de macarra, este bombardea y no hay tribunal que los juzgue. Señores americanos. ¿cómo es posible que echaran ustedes a Nixon por unas cintas en un hotel y no echen a este cenutrio amante de las bombas de grafito, de racimo o de lo que sea?


No tengo contestación para este presidente patológico al que millones de norteamericanos han votado, demostrando su nivel. Eso que se pierden, iba a ir a hacer la Ruta 66, a ver si me perdía en el Cañón del Colorado y olvidaba a mi chica estratosférica – ¡que suerte tiene el chusquer!- y no voy porque Trump es capaz de detenerme, tenerme un par de años en el corredor de la muerte y luego expulsarme, acusado de ilegal en el país más grande el universo.


Sánchez ha huido a China a hacer negocios con Xi Ying Ping porque nuestra balanza con los chinos está arruinada: cincuenta a seis. Yo creo que le ha venido bien porque el juicio de las mascarillas no es tal. La palabra mascarilla habría que cambiarlo por los “macarrillas”- no se ha oído no una vez. Todo ha sido ¿era usted prostituta? ¿Cobraba usted por tener sexo? ¿Conocía usted donde estaba su lugar de trabajo? ¿Qué hacía usted en las horas de trabajo? ¿De qué cojones asesoraba Koldo, que sabía este tipo para asesorar? ¿Jugar al trile? ¿Dónde se ha comprado esa peluca, para no ir si me quedo calvo?


Este juicio es lo más parecido a un carnaval, con todos mis respeto al Supremo. ¿Por qué van todas tan tapadas? ¿Se han cambiado de religión y se han pasado a la moruna? ¿Claudio Rivas proporciona chalets por la cara? ¿Puedo ir yo que estoy hasta los cojones de vivir en la plaza de la División Azul? ¿Qué solucionan las soluciones de gestión para ir a que arreglen lo mío?


En Alicante hay una fiesta que nadie se explica. Doscientas mil personas se desplazan andando hasta un convento que ha habido que repoblar porque las monjas se estaban terminando – de la orden clarisa, la de mi tía Sor Sacramento de la Preciosa Sangre- van a ver la reliquia – del verbo latino relinquo que significa dejar. Admito la historicidad de Jesús de Nazaret, admito su grandeza humana, creo que fue un hombre excepcional, electrizante, con una gigantesca capacidad de atracción. ¿Cuál es el fallo? Que fue torturado, perseguido y asesinado por enfrentarse al poder y ahí terminó su historia que ha sido agrandada, deformada y utilizada por miles de personas creando un mito imposible porque lo de la redención es mucho más que problemático. No hay ningún lienzo que tocara su rostro cuando era torturado, nadie ha encontrado ese paño divino que hace milagros porque hay muchos – Jaén, Oviedo…- que dicen ser los auténticos porque en aquellas épocas la acumulación de reliquias era una devoción que sustituía a la que hoy hay, por ejemplo, de conseguir premios literarios sin ser escritor. Pregunten en la Asamblea Francesa, a ver qué contesta.