Autor: Franky S. Mercader (La Oveja Negra)

Hoy en día todos quieren ser luz, pero la mayoría viven ignorantes de su propia sombra, como algo de lo que se prefiere no hablar, ese hijo bastardo del que todos nos avergonzamos. Efectivamente, cómo seres humanos tenemos nuestras luces, pero tambien tenemos nuestras propias sombras. Reconocer una parte sin la otra es como llevar una máscara de falsa seguridad la cual se hará añicos en cuanto todo lo que conozcas desaparezca. Ciertamente, llegar a esta conclusión no es un camino de rosas. 

Créeme que cruzar el umbral del alma no es algo que se haga desde la comodidad. Allí se encuentra tu verdadero ser, tus luces y tus sombras, tus pasiones, ambiciones, miedos, frustraciones, enojos, virtudes, defectos, buenos y malos momentos y todo lo que, en definitiva, tu eres, tu al completo, con todas y cada una de tus pasiones, emociones, virtudes y defectos reprimidos, es decir, lo que es tu esencia cómo ser humano.  

Hay que saber mirar hacía uno mismo sin emitir ninguna clase de juicio, solo observar como quien ve una película, tratando de comprender y analizar. Solo aceptando e integrando tanto lo que no te gusta como lo que te gusta de ti mismo es la única forma de construir quien de verdad quieres ser.  

Y, cuanto más tardes en comprender esta dinámica, más cansado, irritado, frustrado y sin fuerzas te sentirás, porque no se trata de negar, sino de escuchar, de prestar atención, de volverte cada vez más consciente de ti mismo y del entorno que te rodea. Esto no se puede hacer desde el juicio sino a través de la observación y del diálogo interno. Mantener una conversación contigo mismo a través de la escritura cómo puede hacerse perfectamente con una libreta y un boli a base de hacerte preguntas y responder con honestidad es tan doloroso cómo revelador. Al leer obtendrás mayor claridad si lo haces a través de la observación. Hacerlo a través del juicio es en mi opinión una negligencia absurda y estúpida, total y absolutamente innecesaria e inútil para este camino. 

Cruzar el umbral de tu alma no es tarea fácil ni todo el mundo puede llegar a cruzarlo. No todo el mundo está preparado para afrontarlo, sin embargo, es el cruce del umbral el que te elige a ti, el que mueve los hilos invisibles de tu vida sin que tu lo notes. Uno nunca está preparado para romperse por completo, pero es algo que sucede cuando tu cuerpo ya está listo para dar el salto hacía un reseteo completo. Eso normalmente sucede cuando comienzas a darte cuenta de que algo no encaja, que de repente todo se viene abajo y te quedas desnudo frente al espejo. Esto quizás es lo más aterrador. Este quizás es el momento de la película en el que la luz se va y se escuchan todas las puertas del pasillo cerrarse al unísono. Es en ese instante, cuando retorna la luz, cuando ves a la sombra, ¿Qué haces en ese momento? Ni puedes correr ni te puedes esconder, es cómo un demonio de los que salen en las pelis, cuanto más lo niegues más peso adquiere. La única forma de vencerlo es integrándolo, no para darle rienda suelta, sino para recuperar el control de lo que te pertenece: tu propia existencia.