Autora: Reyes Caballero

Del reconocimiento internacional como actor a una vidas entre el cine y la pintura

Hay artistas que construyen una carrera. Otros, además, construyen una forma de entender la vida. Antonio Espigares pertenece a este segundo grupo. Actor, presentador de televisión y pintor, ha recorrido durante décadas un camino profesional marcado por la constancia, el trabajo y una capacidad poco común para reinventarse sin perder nunca su autenticidad.

Su trayectoria comenzó sobre los escenarios, donde descubrió que interpretar era mucho más que aprender un texto: era comprender al ser humano. A partir de ahí llegaron el teatro, la televisión y el cine, medios en los que ha sabido desenvolverse con naturalidad y versatilidad. Como presentador compartió pantalla con grandes referentes de la comunicación, entre ellos la inolvidable María Teresa Campos, una etapa que recuerda como una de las más enriquecedoras de su carrera y en la que descubrió el valor de conectar con el público siendo simplemente él mismo.

En el ámbito cinematográfico ha participado en numerosos proyectos, consolidando una carrera que ha sido reconocida dentro y fuera de nuestras fronteras. Su interpretación en Intersex, película seleccionada por la Academia de Cine para representar a España en la carrera hacia los Premios Óscar, le abrió las puertas del reconocimiento internacional y le valió, entre otros galardones, el Premio al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Antigua (Guatemala). A estos reconocimientos se suman el Premio Grandes Talentos de Madrid y otras distinciones que reflejan una trayectoria construida paso a paso, lejos de los atajos y siempre desde la pasión por el oficio.

Pero la vida tenía reservado un nuevo lenguaje para él. Durante la enfermedad de su padre encontró en la pintura un refugio inesperado. Lo que nació como una necesidad íntima para expresar emociones terminó convirtiéndose en una nueva forma de creación artística. En apenas unos años sus obras han sido expuestas en Madrid, Málaga, Granada, Roma y Nueva York, despertando el interés del público y de galerías que han encontrado en sus lienzos una evolución tan intensa como personal.

Hoy Antonio Espigares vive un momento de plenitud creativa. Continúa desarrollando nuevos proyectos como actor mientras su pintura sigue creciendo con personalidad propia, demostrando que el arte no entiende de disciplinas cuando nace de una sensibilidad auténtica.

En esta conversación no solo descubriremos al profesional que ha sabido abrirse camino en el cine, el teatro, la televisión y las artes plásticas. También conoceremos al hombre que, después de tantos años de carrera, sigue afrontando cada nuevo proyecto con la ilusión del primer día y la humildad de quien nunca ha dejado de aprender.

Porque Antonio Espigares no ha perseguido únicamente el éxito; ha perseguido algo mucho más difícil de alcanzar: una vida dedicada al arte con honestidad, pasión y una permanente voluntad de seguir creciendo.

Conversación con Antonio  Espigares 

Cuando echas la vista atrás y recuerdas tus primeros pasos como actor, ¿qué le dirías hoy a aquel joven que soñaba con dedicarse a la interpretación?

Que luche por su sueño, pero que también se prepare y estudie. Esto no es una carrera de velocidad y no desespere. Que disfrute al máximo cada pasito.

Intersex ha supuesto uno de los grandes hitos de tu carrera, llegando a ser una película seleccionada por la Academia de Cine para representar a España en la carrera hacia los Premios Óscar. ¿Qué significó para ti formar parte de un proyecto con semejante recorrido?

Fue una sorpresa grandísima. Cuando trabajo en un proyecto me centro muchísimo en el personaje y el rodaje. La verdad es que nunca podía imaginar que nuestra película InterSex haya llegado tan lejos, tanto en España como en muchísimos países donde tuvo premios y nominaciones.

Además recibiste el premio al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Antigua (Guatemala). ¿Qué se siente cuando un trabajo realizado desde el corazón encuentra reconocimiento tan lejos de casa?

Otro regalo que considero que me dio la vida y mi carrera. Una satisfacción inmensa que también disfruté con mi familia, amigos y seguidores, que se alegraron muchísimo por mí. Las alegrías compartidas siempre son mucho mejores y más grandes.

Has trabajado en cine, televisión, teatro y como presentador. ¿En cuál de esas disciplinas descubres al Antonio más auténtico?

El Antonio más auténtico es el presentador, porque saco más de mí sin interpretar ningún personaje, siendo yo mismo. La autenticidad traspasa, y eso se nota y se valora.

En televisión llegaste a compartir pantalla con una figura tan importante como María Teresa Campos. 

¿Qué recuerdos guardas de aquella etapa?

Con María Teresa Campos fue algo inolvidable. Aprendí mucho de ella, con un programa en directo diario. Era exigente, eso sí; había que darlo todo y lo dimos. Por algo le llamaban la reina de las mañanas. Me siento muy afortunado de haber trabajado con ella y, además, sin tener familia relacionada con este mundo.

La profesión de actor está llena de momentos de incertidumbre. ¿Cuál ha sido el obstáculo más difícil que has tenido que superar para seguir creyendo en tu vocación?

Efectivamente, esta profesión no es fácil, como todo el mundo sabe. Yo me considero un afortunado, aunque he tenido momentos en los que no sonaba el tlf., como a la gran mayoría en este gremio. Esto ayuda a fortalecer el carácter para poder continuar.

También has recibido el reconocimiento

Grandes Talentos en Madrid.

¿Crees que estos premios son un impulso o la verdadera recompensa sigue estando en el trabajo diario?

Estos premios los considero un reconocimiento a tantos años de trabajo en T.V., cine, teatro y ficción, y actualmente también con la pintura y las exposiciones, al tiempo que ayuda a tener una imagen pública más reconocida en general.

Tu carrera demuestra una enorme capacidad para adaptarte a personajes muy distintos. ¿Hay algún papel que aún sueñes interpretar?

La verdad es que me apetece mucho interpretar a un cura, tanto en teatro como en ficción o cine. Es algo que tengo pendiente y espero que me lo propongan.

Sabemos que estás inmerso en nuevos proyectos cinematográficos. ¿Qué puedes adelantarnos sobre las películas que vienen y qué tipo de personajes te atraen ahora?

A finales de año o principios del siguiente se estrena mi nueva película, La luz de Juan Antonio Chavero, que se rodó en Córdoba y seguro que no dejará indiferente a nadie. Interpreto a un ejecutivo y poco más te puedo contar de este proyecto.

Paralelamente has desarrollado una intensa actividad como pintor. ¿En qué momento apareció la pintura y qué encontraste en ella que quizá el cine no podía ofrecerte?

La pintura fue algo realmente no buscado. Con la enfermedad de mi padre estuve más tiempo en casa y allí algo me decía que volviera a pintar, cosa que no había hecho desde que me fui a Madrid. Empecé a pintar como terapia, para mí, para sacar cosas y plasmarlas en el lienzo, pero la vida, sin buscar nada, me fue poniendo personas y oportunidades. En tres años he expuesto tres veces en Madrid, dos veces en Málaga y Granada, y tuve la oportunidad de exponer en Roma y Nueva York, Manhattan.

Ahora acabo de tener una en Granada y en septiembre ya hay varios sitios confirmados para más exposiciones.

Tus obras ya se encuentran a la venta en galerías de arte. ¿Qué emociones intentas transmitir cuando pintas?

La verdad es que las ventas están yendo bien y muy buena aceptación del público. Transmito sensaciones y emociones que tengo en cada momento. Se puede ver la evolución de la paleta de color y del tipo de pincelada, desde cuando empecé a pintar con mi padre enfermo hasta mis obras de ahora, que son creaciones totalmente diferentes, reflejo de mi estado actual.

¿Existe alguna relación entre el actor y el pintor? ¿Crees que ambos artistas cuentan historias utilizando lenguajes diferentes?

Totalmente. Son distintos lenguajes, pero no contrapuestos. Son vías distintas con objetivos comunes: transmitir y comunicar.

Da la impresión de que atraviesas una etapa especialmente feliz y equilibrada. ¿Qué ha cambiado en Antonio Espigares para llegar a este momento vital?

La verdad es que estoy muy satisfecho por mi trabajo y mi trayectoria. Además, se está reconociendo mi trabajo con premios y reconocimientos, y mi nueva faceta con la pintura me está dando muchas satisfacciones. Pienso que la vida, a veces, da regalos preciosos.

El mundo artístico evoluciona constantemente con la llegada de nuevas tecnologías e inteligencia artificial. ¿Cómo imaginas el futuro del actor y del creador plástico?

Todo lo nuevo al principio da miedo y desconfianza; es normal. Al final es una herramienta con la que tendremos que aprender a convivir, aunque creo que, quitando los dibujos animados, el público seguirá prefiriendo ver cine con actores reales.

Después de tantos años de profesión, ¿qué legado te gustaría dejar cuando alguien recuerde el nombre de Antonio Espigares?

Algo positivo y cariñoso, como el cariño que pongo cuando trabajo, y que dibujen una sonrisa. 

Espero que así sea…

Y, por último, si tuvieras que definir tu vida con una sola frase, ¿cuál sería?

Uf… qué difícil. Siempre di lo mejor de mí como persona y como artista.

La última escena

Hay artistas que viven una sola vida creativa y otros que son capaces de renacer una y otra vez. Antonio Espigares pertenece a esa segunda categoría. Actor, presentador, pintor y creador incansable, ha sabido transformar cada experiencia en una nueva oportunidad para crecer sin perder la ilusión del primer día.

Su recorrido demuestra que el verdadero éxito no consiste únicamente en recibir premios, reconocimientos internacionales o participar en grandes producciones. El auténtico triunfo es conservar intacta la pasión por crear y seguir emocionando al público desde escenarios distintos.

Hoy Antonio vive uno de esos momentos en los que la serenidad, la experiencia y la libertad artística caminan de la mano. Y quizá ahí resida la mayor recompensa de una carrera construida con constancia, talento y una profunda vocación por el arte.

Gracias, Antonio, por abrirnos las puertas de tu universo creativo y por recordarnos que el talento no se mide solo por los aplausos recibidos, sino por la capacidad de emocionar, de reinventarse y de seguir creando con la misma ilusión del primer día. Desde NEÜ te deseamos que el camino continúe lleno de nuevos personajes, nuevos lienzos y muchos escenarios donde seguir regalando sonrisas.Porque hay intérpretes que representan personajes… y hay artistas que convierten toda su vida en una obra de arte.