Ya han pasado más de dos meses desde que el caos se desató en Ceuta. La ciudad autónoma amaneció un 30 de julio con una avalancha de inmigrantes procedentes principalmente de Marruecos atravesando sus fronteras. Más de 70.000 personas entraron aquel día en territorio español, y la única reacción del gobierno fue la más indicada y asesorada por un equipo de expertos en condiciones: no hacer nada.

Mientras los ceutíes veían su ciudad siendo asaltada por una cantidad ingente de inmigrantes, el gobierno de Pedro Sánchez ofreció una ayuda irrisoria que dio vergüenza incluso a algunos de sus ministros, como Margarita Robles. Nuestro presidente, en lugar de gestionar, trabajo por el cual le pagan un sueldazo público, pensó que era buena idea irse a Lanzarote tres semanas. A todo esto, él se defendió argumentando que “al igual que todos los españoles, había trabajado y merecía descansar”. Seguramente se le pasó por la cabeza que este iba a ser su último verano como presidente del gobierno y no quería desperdiciarlo en algo tan anodino como trabajar.
Pero lo que más nos duele a las personas de izquierdas de este gobierno no son ni las juergas y prostitutas de Ábalos, ni el proxenetismo del padre de Begoña Gómez ni la absoluta ineptitud a la hora de construir un futuro mejor para la juventud. Es muy probable que, a muchos ex votantes del PSOE, lo que más les duela sea la postura internacional hacia Marruecos.
Fue en marzo de 2022 cuando el gobierno de Pedro Sánchez cambió su postura respecto al conflicto Sáhara-Marruecos para respaldar la solución marroquí a toda esta crisis internacional, enquistada en España desde la Marcha Verde en noviembre de 1975. En esa ocasión, Marruecos asaltó un territorio que no era suyo movilizando a más de 350.000 civiles con la intención de quedárselo. Ante esto, la dictadura de extrema derecha de Francisco Franco no tuvo más remedio que huir y dejar el Sáhara a medio descolonizar, motivo por el cual todavía hay un sentimiento de culpa en los corazones de los españoles.

Durante casi 50 años, la izquierda siempre estuvo de lado del pueblo saharaui, y de repente Pedro Sánchez parece haber sucumbido a las ambiciones y designios del rey Mohamed VI. Para muchos de los que nos consideramos “de izquierdas”, esto resulta muy curioso, puesto que, si bien nuestro gobierno ha sido muy activista a la hora de defender al pueblo palestino en su lucha contra el genocidio israelí, actúa de manera completamente diferente en cuanto Marruecos entra en escena. Lo que nos deja más atónitos, sin ningún tipo de duda, es que precisamente el eje Marruecos-Estados Unidos-Israel es una de las alianzas internacionales más cuestionadas por la izquierda española.
Hay quienes se remontan a 2021, cuando Marruecos irrumpió en Ceuta de manera similar a la que vimos hace un par de meses. En esa ocasión, el país norafricano se sintió en el derecho de incumplir las leyes internacionales en respuesta a España, quien acogió al secretario general del Frente Polisario saharaui en un hospital español. Pese a que el episodio fue más breve, con una duración de apenas tres días, el miedo se apoderó del pueblo ceutí y dos personas fallecieron al intentar cruzar la frontera.
Hoy nos encontramos en una situación incluso más dramática. Los primeros días entraron más de 70.000 personas en territorio español, más de 100 marroquís fallecieron en el acto y Ceuta colapsó por la gravedad de la crisis. Hasta ahora no se le ha puesto remedio, y parece que el gobierno no ha encontrado ninguna forma de salir de esta. ¿Lo peor? Que los españoles parecemos más afectados por los inmigrantes fallecidos que el propio gobierno de Marruecos.
Ante esto, ¿qué explicaciones ha ofrecido Pedro Sánchez? Durante más de un mes, en cada rueda de prensa que aparecía Fernando Grande Marlaska o cualquier autoridad del gobierno, insistían en una supuesta “colaboración con Marruecos”. Casi nadie creía en que tal cosa fuera meramente posible. Cuando hablamos de Marruecos, nos estamos refiriendo a una monarquía absoluta de carácter autoritario, así que es casi imposible negociar con ellos como lo haríamos con cualquier otra nación europea. Para entendernos mejor, Marruecos no juega en la misma liga que España. A ellos les da igual sacrificar a cientos de personas con tal de invadir un territorio que consideran suyo, cuando la historia ha demostrado que no es así. Ceuta lleva siendo española desde antes de que Marruecos siquiera existiera, al igual que Melilla y Canarias. El problema está cuando una buena parte de la población marroquí piensa que esto no es así y se plantan en nuestros territorios como hicieron con la Isla Perejil, donde incluso destinaron militares.

Por todas estas justificaciones, muchas personas creen que Pedro Sánchez le debe algo a Marruecos. ¿Fueron quizás los escándalos de Pegasus, cuando espiaron los móviles del presidente y demás miembros del gobierno? ¿Será que en esa historia pillaron algo de lo que se avergüenza? Todas estas suposiciones no me las he inventado yo, que conste. Quizás son solo conjeturas y nada tiene que ver con la realidad, pero resulta cuanto menos curioso que un gobierno de izquierdas en España se ponga tan de parte de Marruecos.
Todas estas cuestiones de geopolítica y relaciones internacionales son, al fin y al cabo, problemas intangibles para el pueblo llano. Lo que ahora debe importar a los españoles es la integridad del pueblo ceutí. Ceuta no es Marruecos, ni nunca lo será. España no puede ceder ni un kilómetro cuadrado de territorio, puesto que nuestras fronteras son innegociables y así serán siempre. Hoy es Ceuta, mañana es Melilla, pasado es Canarias, y, cuando menos lo esperemos, estarán en Granada otra vez.





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