
No hay duda de que La Unión se convierte en la capital mundial del flamenco en el mes de agosto. El pasado sábado estuvimos unos buenos amigos en la emblemática Bodega Lloret situada en la ciudad minera y flamenca, un local con mucha solera y con mucha magia, de los que quedan pocos. Degustamos unos vinos acompañando a sus típicos michirones, sus tostas con anchoas de Santoña regadas con buen aceite, tomamos las exquisitas patatas hervidas con su piel acompañadas de su alioli casero y las típicas empanadillas de frito con boquerones en vinagre. Y nunca debe faltar la tortilla española. ¡Que mano tiene María Ángeles para hacer estas exquisitas tortillas: son únicas! En la Avenida del Flamenco situada frente a la Catedral del Cante me encontré con mi amigo José David Moreno. Quedamos a comer en la Trimilenaria para hablar de sus grandes proyectos. «Dicho y hecho».
El encuentro fue el jueves en el Juego de Bolos donde se nos unió otro buen amigo, José María Cayuela. El título de este artículo define casi todo lo que tratamos. Empezamos con el tema de los alimentos. José María, decano de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la UCAM, me invitó hace tiempo a unas interesantes jornadas sobre ‘Desperdicio alimentario: un escándalo silencioso al que ya se buscan soluciones’. Y es que cada año un tercio de los alimentos que se producen en el mundo acaban literalmente en la basura y, solo en España, más de 7,7 millones de toneladas. Frente a este desafío ético, ambiental y económico, distintos sectores ya están trabajando para darle soluciones.
En un planeta donde más de 800 millones de personas pasan hambre, resulta difícil justificar que un tercio de los alimentos que producimos – suficientes para alimentar a 2.000 millones – se pierdan o desperdicien. Además del drama ético, el desperdicio alimentario tiene implicaciones ecológicas y económicas de primer orden. Las II Jornadas sobre Desperdicio Alimentario celebradas en la UCAM reunieron a expertos de sectores tan diversos como la hostelería, el ámbito jurídico, la economía social, la tecnología o la Iglesia Católica. Todos coincidieron en un diagnóstico común: el desperdicio de alimentos es un problema sistémico, pero evitable. Nadie puso en duda que «recuperar alimentos es recuperar la dignidad». Algunas de las propuestas más transformadoras están llegando desde el ámbito social. Entre ellas podemos citar el proyecto ‘Maná’ impulsado por entidades como Cáritas, Fundación ‘El Sembrador’ y Formació i Treball.
El valor ético de esta lucha fue también subrayado por monseñor Fernando Chica, observador permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quien calificó el desperdicio alimentario como «un escándalo moral» y apeló a «una cultura de la sobriedad y la solidaridad». La buena noticia es que las soluciones existen y ya están en marcha. Como se ratificó en la jornada: «El alimento más sostenible es el que no se tira».
Y cambiando de tercio, retomo la amena tertulia que mantuve con mi otro invitado, José David Moreno. Él es Consejero Delegado de Vols Partners desde donde está promoviendo un proyecto llamado ‘La Campana’. No va a ser solo una desaladora sino una infraestructura nacional estratégica que integrará agua, energía y activos medioambientales en un modelo sostenible, autosuficiente y con retorno asegurado. La capacidad productora inicial será de 600 hectómetros cúbicos de agua al año, utilizando un sistema energético híbrido de ciclo combinado, energía solar e hidrógeno verde. Pero detrás del desarrollo tecnológico hay una historia profundamente humana.
‘La Campana’ es un proyecto de nueva generación ubicado en el Valle de Escombreras – el mayor de Europa – y que situará a España como referente internacional en tecnología hidroenergética. Tendrá incluso un rol eminentemente exportador y generará un clúster de innovación orientado a la reindustrialización verde. El proyecto creará 15.000 empleos entre directos e indirectos y también incrementará el PIB regional durante la primera fase hasta un 3,5 % con un pipeline estructurado que superará los 6.800 millones de euros. Vols Partners se presenta como un nuevo actor financiero de proyectos de infraestructura crítica, transición energética, economía circular y gestión hídrica.
Entre los activos ya cerrados en fase avanzada se encuentra un contrato de agua firmado por valor de 4.300 millones de euros y una proyección global de suministro hídrico que asciende a 30.000 millones de euros. ‘La Campana’ tiene como objetivo la autosuficiencia energética y la neutralidad climática, integrándose dentro de un sistema de economía circular. Esta desaladora superará en capacidad y modelo autosuficiente a otras del calibre de Ashkelon en Israel o Carlsbad en Estados Unidos.
Desde niño este alto ejecutivo de Vols Partners siempre sintió una fascinación especial por entender cómo funciona el mundo. Mientras sus amigos jugaban a ser superhéroes él desmontaba aparatos, dibujaba sistemas y soñaba con crear soluciones que ayudaran a las personas. Esa inquietud temprana se transformó en una visión: aplicaría el conocimiento técnico y la innovación para resolver los grandes desafíos de nuestro tiempo.
Pero para José David no todo en la vida es ingeniería y estrategia. Le encanta tocar instrumentos musicales. Con tanto estrés profesional cada noche le gusta relajarse con su guitarra pues se dio cuenta de que, en medio del caos, la música le enseña a encontrar armonía, ritmo y pausa. Sus decisiones empresariales, siempre complejas con un enfoque centrado y racional, las asemeja a su deporte favorito: el tiro olímpico de alta precisión. Para él la clave no estaba solo en la técnica sino en la mente. Ganaba campeonatos no por disparar mejor que los demás, sino por mantener la calma bajo la presión.
El colofón de tan extraordinaria tertulia lo compartimos en el Juego de Bolos donde José Nicolás y su equipo nos prepararon una suculenta comida con productos de mercado. Empezamos con unos aperitivos consistentes en unas empanadillas caseras fritas, fueron únicas. Después quisquilla de Motril, fresquista y en su punto de cocción. Continuamos con unos entrantes compuestos por tomates Muchamiel acompañados de anchoas y boquerones con un fondo de aceite para mojar su exquisito pan, Pulpo a Feira sobre lascas de patata y con golpe de pimentón y buen aceite, espárragos blancos crema de buen tamaño con mayonesa y alcachofas plancha con jamón ibérico. El plato fuerte fue un tierra/mar: chuletas de cabrito fritas con ajos tiernos y patatas y unas rodajas muy finas de cherna con habitas, pimientos de piquillo, ajos, guindilla, piñones y aceite para dejar el plato limpio como una patena. Terminamos con unas milhojas de naranja y un helado de higos secos a la antigua usanza. Los vinos recomendados por José Nicolás fueron un Ribera tempranillo San Gabriel y un godello de bodegas Estefanía. ¡Comida de diez!
Termino con esta reflexión: «El inteligente no es aquel que más sabe, si no el que mejor usa lo que sabe». A las pruebas me remito.





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