
En esta ocasión quiero escribiros un pequeño artículo nacido de una breve conversación con un señor que respira historia como quien respira salitre frente al puerto de Cartagena. Hablo de Daniel Collado, un escritor profundamente enamorado de su tierra, de sus piedras antiguas, de sus cicatrices y de su memoria .
Daniel no solo estudia la historia: la protege. La camina. La comparte con una cercanía poco habitual en tiempos donde demasiada gente habla y muy pocos escuchan. Es de esas personas que entienden que una ciudad no vive únicamente de edificios o archivos, sino de la gente que la mantiene viva con pasión, cultura y compromiso.
Amante de la Cartagena trimilenaria, dedica gran parte de su tiempo a divulgar, ayudar y acercar el conocimiento histórico al pueblo. Porque hay quienes utilizan la cultura para levantar muros intelectuales… y luego están quienes, como él, la convierten en una plaza abierta donde cualquiera puede entrar a mirar el pasado sin sentirse extranjero.
A continuación, os dejo las preguntas y el artículo. Gracias por seguir creyendo en la palabra, en la memoria y en las conversaciones que tienen alma.
Entrevista:
- ¿Qué tiene Cartagena que hace que alguien decida dedicarle un libro entero desde el corazón y no solo desde la historia?
Cartagena tiene algo difícil de explicar y muy fácil de sentir. Es una ciudad que engancha, que te llena por dentro y que, cuanto más la conoces, más te atrapa. Yo mismo muchas veces me pregunto: “¿Qué tiene Cartagena?”. Porque no es solo su historia, que es inmensa, sino el carácter de la ciudad, su gente, su puerto, su pasado y esa mezcla constante entre orgullo y lucha. Cartagena tiene alma, y cuando una ciudad tiene alma, es imposible mirarla solo desde la historia; terminas escribiéndole desde el corazón.
- En una época donde todo va rápido y superficial, ¿por qué apostar por un libro histórico?
Cuando escribí el libro hace ya cuatro años, lo hice sin ninguna pretensión. No pensé en ventas ni en repercusión; simplemente era una espinita que tenía clavada y necesitaba sacármela. Creo que precisamente hoy, cuando todo se consume tan rápido, hace más falta parar y entender de dónde venimos. La historia no es solo mirar al pasado, es entender quiénes somos. Y Cartagena tiene tanto que contar que sería una pena dejarlo caer en el olvido por culpa de la inmediatez.
- ¿Crees que Cartagena conoce realmente su propia grandeza o vive demasiado acostumbrada a ella?
Sinceramente, creo que no conoce del todo su propia grandeza. Y tampoco diría que vive acostumbrada a ella, porque muchas veces ni siquiera somos conscientes de lo que tenemos. Cartagena ha sido clave en muchísimos momentos de la historia de España y del Mediterráneo, pero a veces parece que ni nosotros mismos terminamos de valorarlo. Tenemos una ciudad única y, en ocasiones, nos falta creérnoslo un poco más.
- ¿Cuál fue el momento exacto en el que dijiste: “Tengo que escribir este libro”?
Fue en el mismo momento en el que surgió la idea. Soy una persona muy impulsiva para ciertas cosas: cuando algo me nace de verdad, necesito hacerlo. No puedo dejarlo aparcado pensando “ya lo haré”. Sentí que tenía algo que contar y simplemente me lancé. Luego vinieron las horas de investigación, de escritura y de dudas, pero la decisión fue instantánea.
- Tu libro habla de luces y sombras de Cartagena… ¿cuál dirías que es hoy la mayor sombra de la ciudad?
Para mí, una de las mayores sombras es el individualismo que existe muchas veces dentro de la propia sociedad cartagenera. Falta más compromiso desinteresado y más apoyo entre nosotros. A veces alguien tiene una buena idea y, en lugar de apoyarla, surge la envidia o el rechazo simplemente porque la idea no es propia. También noto cierta dejadez social, como si muchas veces nos resignáramos demasiado rápido. Y una ciudad tan grande históricamente no debería resignarse nunca.
- Muchos jóvenes apenas leen historia. ¿Tu libro busca enseñar, despertar curiosidad o remover conciencia?
Un poco de las tres cosas, pero sobre todo despertar curiosidad. Me da pena que a muchos jóvenes de mi edad, e incluso mayores, les preguntas por la historia de Cartagena y prácticamente solo saben hablarte de los cartagineses, los romanos y, con suerte, del Cantón. Y Cartagena es muchísimo más que eso. Tiene siglos y siglos de episodios fascinantes que casi nadie conoce. Si el libro sirve para que alguien tenga ganas de investigar más sobre su propia ciudad, ya habrá merecido la pena.
- ¿Qué personaje histórico cartagenero te habría gustado entrevistar tomando un café frente al puerto?
Eso se lo dejo a los periodistas. Seguramente a ninguno, porque muchas veces cuando conoces demasiado a alguien puedes romper el mito que tenías en la cabeza. Y hay personajes históricos que quizá es mejor admirarlos desde la distancia y desde la imaginación.
- Has dicho alguna vez que “la suerte se busca”. ¿Ese pensamiento también define tu manera de escribir y vivir?
Totalmente. Es una frase que me ha repetido siempre mi abuelo y que se me ha quedado grabada. Si quieres algo, tienes que ir a por ello. Quedarte parado en casa esperando a que las cosas lleguen no sirve de nada. Por eso digo que la suerte se busca, no se encuentra. Y tanto en la escritura como en la vida intento aplicarlo siempre.
- ¿Qué sentiste al ver que el libro tuvo tan buena acogida y alcanzó una segunda
edición?
Sinceramente, mucha sorpresa y muchísimo agradecimiento. Yo ni siquiera quise hacer una gran presentación ni promocionarlo demasiado. El libro fue algo muy personal y jamás imaginé esa respuesta de la gente. Ver que llegó incluso a personas de fuera de España, o a gente de Estados Unidos interesada en Cartagena, fue algo muy bonito y que todavía hoy agradezco muchísimo.
- Si dentro de cien años alguien encuentra tu libro en una biblioteca olvidada, ¿qué te gustaría que entendiera sobre Cartagena y sobre ti?
Me gustaría que entendiera lo compleja pero también lo bonita que es la sociedad cartagenera. Cartagena es una ciudad difícil, intensa y muy especial. Siempre he dicho una frase medio en broma, medio en serio: quien domina Cartagena puede dominar España. Porque aquí conviven el orgullo, la lucha, el talento y también muchas contradicciones.
- ¿Cartagena te inspira… o te duele? Porque a veces las ciudades que más amamos también son las que más nos rompen por dentro.
Las dos cosas. Cartagena me inspira constantemente porque tiene historia, belleza y una personalidad que no se parece a ninguna otra ciudad. Pero también me duele muchas veces, precisamente porque la quiero. Cuando amas un lugar, también sufres viendo lo que podría llegar a ser y muchas veces no es. Supongo que las ciudades que más nos marcan son precisamente esas: las que nos inspiran y nos rompen un poco al mismo tiempo.
- ¿Por qué ese compromiso con asociaciones vecinales, empresariales, culturales, etc.?
Porque creo firmemente que el verdadero poder lo tiene el pueblo, no el político. El pueblo es soberano y es quien realmente mueve una ciudad cuando decide implicarse. Muchas veces esperamos que todo venga desde arriba, pero las ciudades crecen de verdad cuando la gente se compromete desde abajo, desde los barrios, las asociaciones, la cultura o el tejido empresarial. Ahora que soy joven y tengo tiempo y energía, prefiero invertirlo en intentar aportar algo a mi ciudad antes que quedarme mirando desde fuera. Creo que todos tenemos una responsabilidad con el lugar donde vivimos, y la mía es 9intentar sumar en todo lo que pueda.
- ¿Qué deseas y te gustaría ver al comprometerte con el pueblo y su gente?
Me gustaría ver más igualdad de oportunidades y un compromiso real con la gente joven. Y compromiso ya existe, porque hay muchísimas personas que trabajan de manera desinteresada por Cartagena, pero todavía falta dar un paso más. Hace falta escuchar más a la juventud, darle oportunidades de verdad y permitir que crezca junto a personas con experiencia, aprendiendo de ellas.
También creo que deberíamos apostar más por quien realmente tiene ganas, ilusión y capacidad, y no simplemente por quien más contactos tiene o más recursos mueve. Muchas veces las ganas pueden hacer más que la propia edad o incluso que la experiencia. Y una ciudad que no apuesta por su juventud, termina perdiendo parte de su futuro. También creo que deberíamosde darle más protagonismo a la gente de aquí. Que haya vivido Cartagena y sentido Cartagena. La gente de fuera puede ser válida, pero Cartagena es una ciudad muy peculiar con un sentimiento muy arraigado y un carácter muy marcado, hay que conocer muy bien al cartagenero.
Palabras finales…
… Y quizá ahí esté la verdadera grandeza de personas como Daniel Collado: en recordar que una ciudad no muere cuando caen sus piedras, sino cuando su gente deja de sentirla. Mientras existan voces capaces de narrar Cartagena con esta pasión serena, con este amor limpio hacia su historia y hacia su pueblo, seguirá latiendo algo eterno bajo sus calles. Porque hay personas que escriben libros… y otras que, sin darse cuenta, ayudan a escribir el alma de una ciudad.





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