Autor: Manuel Avilés

Fotografía de Carolina Roca

Se nota un nerviosismo generalizado. El gobierno, sobre todo, ante las elecciones andaluzas, se ve defenestrado y se busca en los bolsillos a ver si tiene algún voto oculto para depositarlo, aunque sea al descuido en una urna tras cualquier cortina. Andan mirando en los botiquines de los baños por si dan con un tranquimazin o un diazepam que calme los nervios ante la que se avecina.


Solo le ha dado a Sánchez, el líder que ha bajado a la arena a brearse contra todo bicho viviente, un poco de oxígeno esa reata de ministros a pie de obra dirigiendo maniobras portuarias en Tenerife. Todos tienen claro que una debacle andaluza los deja en bragas y , ante una hecatombe en ese territorio, no hay cesarismo que valga. Derrotado en Castilla León, apaleado en Extremadura – aquella feliz de Rodríguez Ibarra al que echamos de menos-, machacado en el Aragón de Belloch y Lambán, también añorados. Con Page como único baluarte, medio rebelde, que señala pero no pega y que ve cómo le comen el terreno peperos manchegos que están hartos de populismo inútil y frases hechas y repetidas, carentes de contenido.


Sabe Sánchez de sobra, porque es tan inteligente como ambicioso de poder, que si se lleva un revolcón en mi tierra, tiene que convocar – para perder- unas nuevas elecciones, porque no es sostenible, tras años sin presupuestos, con el Estado de Derecho vendido a los puigdemones y demás independentistas díscolos y egoístas, con las financiaciones singulares, sabe que ni los abuelos que se creen – como con Franco- que es Sánchez quien les paga las pensiones, lo van a poder sostener al frente de un partido con gente que quiere subir y que ve la ocasión de desequilibrar las estructuras de poder del partido monolítico y sanchista al cien por
cien.


Lleva tiempo arrastrando el accidente de Ademuz con cuarenta y tantos muertos – hoy, en mi viaje a Granada, cuatro viejas en esos asientos incómodos de a cuatro, se han tragado cuatro rosarios y hasta se han inventado jaculatorias: Virgen de los trenes. Ora pro nobis. Está molido por el mes en el Supremo, con su Ábalos putero acochinado y señalado como número uno de la trama por Aldama que no es ninguna hermana de la caridad, aunque se haya chivado hasta del lucero del alba. Ábalos, su factótum junto con su troupe, lo ha puesto en ridículo reiteradamente porque no sirve el argumento de “yo no sabía nada”. Hasta Zapatero, si oyes las radios por la mañana, empieza a tener que dar explicaciones de sus negocios. Sánchez es otra cosa, le puede mucho más el poder que el dinero.


Mi chica, trabajadora y diligente, que cuida a un anciano vago y en las últimas, y le lleva el café a la cama, me llama la atención: cariño dice la radio que Ábalos, durante la reclusión del Covid, aprovechó una cita con Feijoo para quedar luego con dos prostitutas. ¡Tú, socialista! ¿Qué tienes que decir de eso? Mi comentario, confundido con las sábanas, solo pudo recordar a Camilo José Cela un grosero para las señoras de laca, peluquería y extensiones, que mean colonia y no se pierden un sermón en semana santa-.


¿Se acuerdan de “La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona”? Cuando a Don Camilo por el episodio de aquel paisano de Archidona – junto a mi pueblo- que en la fila de los mancos la lío en una función de teatro. El Premio Nobel solo dijo – y lo mismo digo yo de Ábalos-: se la cambio sin verla.


En estas sesiones del Supremo, con Aldama largando y los otros dos, tentándose la ropa, me huele algo a pacto o promesa de algo, porque normalmente un par de tíos, pillados hasta las cejas y con varios meses en prisión preventiva, cantan por soleares hasta sin música.


Sánchez, ante el domingo andaluz ha echado mano incluso del Papa, que ha alabado la gestión de España en ese crucero de millonarios contagiado de un virus andino. Esa gestión le ha dado
un balón de oxigeno que resulta insuficiente después de la gran tragedia en el Estrecho.


Esto es un problema criminológico y lo están tratando políticos. Los narcos son como los terroristas: en la búsqueda de resultados utilizan todos los medios a su alcance. Acuérdense de los etarras: si la frontera de Guipúzcoa está controlada por la Guardia Civil, me voy a Huesca a pasar los comandos.

Hay gente que clama por un Bukele al frente de la justicia penal para limpiar las costas de barcas supersónicas cargadas de droga. Yo no voy tan lejos, pero hay que dejar a un lado el buenismo.


El estado de derecho es garantista, el narco, como el terrorista usa cualquier medio por sangrante que sea; lanchas con cinco motores, arremeter contra guardias civiles que llevan la pistola de adorno y cambiarse de Cádiz a Huelva o a Almería porque los beneficios son tan estratosféricos que cualquier inversión se amortiza volando. Sin dejar de anotar su enorme capacidad de corrupción. ¿Recuerdan ese policía, con cara de niño de primera comunión que guardaba veinte millones emparedados? Con esas cantidades cómo no van a arremeter contra lanchas precarias matando a guardias civiles tan precarios como las lanchas.


No digo que haya que estar tiroteando todo lo que se mueve en el estrecho, que para eso ya está el fascista Trump en el Caribe, pero si exijo un poco de seriedad como tantos ciudadanos. ¿Por qué Marlaska disolvió el grupo antinarcos OCON-Sur? Nadie lo ha explicado todavía. Los beneficios del hachís y la cocaína son tan bestiales que empujan al narco a jugarse incluso la vida por progresar en su negocio.


¿Por qué los equipos de tratamiento penitenciario – sé de lo que hablo- no se enteran de una vez de que hay tres tipos delictivos que no se reinsertan nunca? Señores psicólogos y todos los demás especialistas: cuando vosotros no habíais hecho la primera comunión, yo ya presidía juntas de tratamiento. Un gran narco, “carcelea” – término acuñado por el gran Antonio Beristain- pero no se reinserta porque como me dijo a mi uno: “la droga engancha, pero engancha más el dinero”. Tampoco se reinsertan los estafadores que todo el día buscan y diseñan cómo y a quien engañar, ni los pederastas que ante un niño pierden el oremus sin que haya quien lo recupere. Soy partidario de la reinserción, soy partidario del trato humanizado en las cárceles. Nada de Bukeles. Pero no soy partidario del café para todos.


Escribe mi amiga Gema Peñalosa en su columna: El coladero de narcos con treinta lanchas cada semana, sacude la campaña.

Tiremos por lo bajo. Cada lancha lleva tres mil kilos de droga. Supongamos que se incauta un diez por ciento. Eso significa que ochenta mil kilos entran a la semana. Ese río de dinero es
imparable sin medidas excepcionales, personal excepcional y trabajo concienzudo las veinticuatro horas del día, todos los días del año. La señora Montero, que me caía muy bien y a la que acompaño en el sentimiento porque Sánchez la ha dejado a los pies de los caballos, sabe que eso no es un accidente laboral. Eso es un crimen bien planificado por quien busca enriquecerse arruinando vidas enteras con la coca. Cojan un equipo de gente que sepa, no de enchufados a los que hay que colocar – me acuerdo del experto del gobierno para gestionar la recuperación de la Dana en Valencia-, ni portadores de folios ni gente experta en política de pasillo. Diseñen, de principio a fin, una política antidroga. ¿Cómo puede tener un tipo en paro y que cobra una ayuda social, un Ferrari? ¿Cómo esos casoplones blindados, esas fiestas con lujos asiáticos, cómo esas exhibiciones de riqueza? ¿Miramos para otro lado? Luego no busquemos, en las campañas electorales, que los votantes busquen nuestra papeleta o busquemos excusas por no haber ido al funeral.