¿Qué es entonces, si no ese amor que perdura y siempre perdurará, lo más parecido y similar al canto de un pájaro o al abrazo de un niño a su madre con una risa de cariño?

Es la fuerza de la vida actuando en sí misma, mírala, contémplala en ese silencio, en esa pausa y observación hiperconsciente del flujo vital del eterno ahora. Fluye por todo tu ser.
Es la fuerza, la fuerza que impulsa al árbol a crecer y dar sus frutos. Como semillas que somos de esta tierra, tenemos tantos dones y potenciales por expandir como diferentes especies de animales hay, o incluso más.
Quién sabe, somos la eternidad misma descubriéndose a sí misma y experimentándose en un infinito mar de dudas y de aciertos, en donde demonios confunden, a través del ego, a una mente que, ensimismada en sus pensamientos, olvidó que el corazón era el portal para abrir la magia que lleva dentro. Esa magia la portamos todos y cada uno de los seres de este planeta que habitamos.
¿Matrix, mundo prisión? Sea como sea, es un mar de infinitas posibilidades donde causa y efecto son la más sutil y, a la vez, más poderosa repercusión que tenemos como seres duales que tienen la capacidad de discernir entre lo correcto, que viene del corazón y de su resonancia suprema, y lo disonante y erróneo, que viene del ego autodestructivo y rencoroso que ve enemigos donde solo hay sombras autoproyectadas por su miedo.
Quizá esas corazas que nos pusimos también tapan esta magia de la que hablo y solo permiten que pase un rayito de luz en donde debería haber un campo entero de amapolas brotando y agua del río fluyendo, con cascadas que emanan un olor sagrado a soberanía y libertad.
Donde libertad no es opuesta de prisión, puesto que en realidad nunca la hubo, sino en tu ilusión sostenida por patrones y creencias, las cuales no eran sino espejismos que, gracias a la relación con el otro en ti mismo, lograste superar, trascender y compenetrar para unirlos y ver que en realidad eran fractales el uno del otro y se complementaban en una danza suprema de amor y cariño, donde todo lo demás quedaba simplemente fuera de tu prisma, puesto que tu atención es el mayor poder y creces lo que tú crees, y creas lo que tu poder te ha sido dado desde el origen de la esencia misma. Desde ese origen es donde puedes conectar con el eterno poder que AHORA fluye en tus venas en forma de sangre sagrada, aguas mitocondriales cargadas de fluido, que debes limpiar, si es posible, usando ayunos o plantas que la propia Madre Tierra nos brinda.
Puesto que, en un mundo intoxicado por las prisas y el odio, se olvidó que el templo más sagrado e importante no es el exterior y al que brindan culto, sino el interior y al que todos merecemos entrar para habitar el reino del cielo en el mundo.
Cuando entras en esa energía que te sostiene y te ampara, te separa de todo impulso demoníaco y te brinda el conocimiento que es el ser lo que ya eres y siempre has sido, esa conciencia que observa detrás de cualquier identificación con lo exterior y que al mismo tiempo juega, se autoexperimenta y se expresa de esa forma tan pura como el juego de un niño o el salto de un gato hacia el abismo… Más siempre cae de pie y no muere porque siete vidas quedan y en la sexta aprendió, de tanto dolor, que sus patrones podían romperse con un giro de amor.
Un amor que no era lo que le habían contado las películas o había visto idealizado en los parajes de la mente humana y sus miles de distorsiones. Era, es y será un amor y gratitud que trascienden cualquier tipo de dilema o disonancia con la fuente original de vida, que por supuesto es y brota en ese amor y gratitud, y siempre es y será de esta forma. Así misma, la creación es coherente con esto, y cuando tú eres coherente con esto, lo ves reflejado y proyectado en todo tu ser, tu alma, tu conciencia y, por ende, en toda tu realidad cotidiana.
Gracias, gracias por ser y mostrarme como reflejo lo que puedo superar de mí en una perfecta imperfección donde, como el diamante, voy puliendo mis capas para brillar y resonar más y más profundo y visible al mismo tiempo. ¿No es irónico? Todo lo que es etéreo es invisible a los ojos y, a la vez, palpitante para lo más sutil del alma. ¿Qué sería del mundo si todos recordáramos esta danza maravillosa de colores y olores tan dulces para el espíritu?
Seguro que, con solo quitar el sufrimiento hacia otros seres, ya todo se reordenaría a niveles cósmicos muy elevados y el mundo fluiría y brotaría como cascadas del más bonito afluente, que, como siempre, desemboca en lo que es y ya fue y será, mientras se mantenga en el flujo correcto y no se desvíe hacia pozos o charcos estancados que lo desvían de su forma… en la que se evaporará y formará parte de otra… Mas el sendero hacia lo que ya somos y siempre fuimos siempre se halla y se hallará en seguir esa corriente de flujo vital de energía suprema que es, por supuesto, la conciencia del ser eterno que somos.

¿Qué es entonces, si no ese amor que perdura y siempre perdurará, lo más parecido y similar al canto de un pájaro o al abrazo de un niño a su madre con una risa de cariño?
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