La forma del asiático

Hay muchos cafés en el mundo. Para muchos, este es uno más. Para mí, sin embargo, es distinto: un café con unas propiedades patrimoniales difíciles de igualar. No es solo patrimonio gastronómico; es también patrimonio cultural, ligado al origen e historia de su copa, en la que -casi sin excepciones- se ha servido.
Se reconoce en cualquier terraza, incluso a varias decenas de metros. Lo delata la forma de su copa: su perfil, su altura, el diámetro de su boca. La copa original era lisa, producida en la fábrica de vidrio de Santa Lucía, en Cartagena; posteriormente, en San Antón y Canteras. También participaron diversas empresas de hostelería encargando su producción en Barcelona; la más importante de todas ellas, cartagenera y bien conocida, junto con aportaciones de otras empresas de Almansa, Almería o Valencia, que fabricaron copas de asiático con moldes ligeramente distintos.
Todas forman parte de mi colección. Todas son parte del patrimonio de la copa del asiático cartagenero, aunque las foráneas han sido menos conocidas, injustamente relegadas al olvido. En todas ellas, también se sirvieron asiáticos. Asiático y copa son inseparables. Sin su forma, no es un asiático.
Por mis trabajos en torno a las costumbres del campo de Cartagena, he recorrido durante años -y en múltiples ocasiones- nuestra comarca natural. En ese trayecto, los bares han sido también paradas obligadas, lugares donde degustar este café. Así fui construyendo una visión global: el asiático dibujaba un mapa propio, equivalente en dimensiones y límites geográficos al de otros elementos tradicionales, como los molinos del campo de Cartagena, el caliche o los bolos cartageneros.
La receta está definida en sus ingredientes básicos, pero cada hostelero introduce su matiz. Por eso, cada asiático es distinto: cambia según el lugar, el camarero o incluso el día. A esa base reconocible se suma hoy, de forma habitual, un importante licor característico cartagenero, que ha terminado por formar parte de su identidad contemporánea. No es un caso aislado: por ejemplo, el café barraquito canario, que comparte ese mismo licor como ingrediente. ¿Casualidad?
El café asiático es de Cartagena. Café asiático cartagenero, o campo cartagenero. Es un emblema de la ciudad y de su campo, compartido con orgullo con el resto de España y del mundo. Su origen y su esencia merecen ser reconocidos y respetados, al igual que todas las aportaciones. También merece reconocimiento quien ha contribuido a su difusión. Se comenta estos días de abril de 2026 que el famoso bar de El Albujón está en venta por jubilación; debe permanecer, porque, sin duda, ha sido su mayor impulsor. Su papel en la popularización lo convierte en una pieza clave dentro del patrimonio de este café.
La solicitud para declarar el café asiático como Bien de Interés Cultural Inmaterial fue denegada. Se ha creado una nueva figura para reconocerlo como Bien de Interés Turístico. Pero, para mí, falta responder una pregunta: ¿y la copa? Quizá debería ocupar su lugar propio dentro de alguna de las figuras del patrimonio material.
Disfruta pausadamente de un asiático. Especialmente en invierno, bien caliente y vaporizado. Sin prisa. Con la mirada abierta: a nuestro mar, a nuestro campo… y también, a Neü.





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