Autor: Manuel Avilés

Acabo de ingresar en el hospital en situación de estupor, alucinado y fuera de la realidad.

Estaba yo ayer con mi chica – ha vuelto, aunque no sé por cuanto tiempo-.  Me escribió dos mensajes  – Dios existe-. En uno decía: “a veces aparece alguien que, sin tocarte la mano, te desordena el alma…y entonces entiendes que el corazón no siempre avisa, ni pregunta si es el momento correcto”. Al rato insistía con otro como para derretirme: “hay almas gemelas que nunca dormirán juntas, pero siempre se soñarán”. Eso me mosquea. No quiero soñarme, quiero dormir contigo. Con la cabeza entre tus piernas a ser posible. Salimos a cenar y ella se pone romántica: tu y yo, frente al mar, música suave, una botella de cava a punto de congelación, unas velas perfumadas en la mesa y una botella de vino… ¿qué te parece? , pregunta melosa. Yo, especialista en meter la pata, contesto: Me parece poco vino.

Ya la hemos liado. Se ha enfadado porque me parezca poco vino.  Para acabarlo de arreglar, mis informadores me dicen, tras la impactante sentencia contra Ábalos   – antiguo faro conductor del socialismo valenciano, hombre emergente en el futuro de esta comunidad y casi gemelo de Sánchez en la gestión socialista de acceso al poder- me cuenta que es posible que los trabajos en beneficio de la comunidad los haga Aldama como Juez de Paz de Torrellano, de Balones o de Bolulla.

Me he pasado media vida, y estoy ya con el billete picado para pasar a la eternidad, haciendo liquidaciones de condena. Como no era capaz de hacer ni una suma de quebrados   – algo que me parece de nula utilidad-, como igual que García Marquez, desde niño, tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela, como no servía casi para nada, acabé en la cárcel. Jefe de Servicios, Subdirector, Director de varios sitios, etarrólogo y lo que más he hecho en estos cuarenta años, han sido liquidaciones de condena. Lo juro. En mi vida he visto un tipo con cuatro años y medio de condena, sustituidos por trabajos en beneficio de la comunidad. Una milonga.

Entiendo que han separado las penas  – varias- porque ninguna por sí sola supera los dos años. Le doy la enhorabuena a Aldama y, si no palmo, desde la residencia, estaré atento al cumplimiento de las impuestas a los otros. Recuerdo que a Bárcenas le impusieron treinta y tres y salió en condicional tras cumplir algo más de ocho. Sé de un negro cubano   – no es insulto, el hombre es cubano y es negro, como yo soy piel roja y español- condenado a ocho por agresión sexual, que no fue. El negro es un jeta pero no es un violador y, de los ocho de condena, lleva cinco y medio sin siquiera salir de permiso. Basta con un dictamen en lenguaje obtuso, “distorsiones cognitivas”, que es lo  mismo que decir nada.

Es como el lenguaje de los médicos en un intento de disfrazar la realidad. Usted necesita una gastroscopia y una colonoscopia, tres días de ayuno tomando una papilla intragable para eliminar la sospecha de alteraciones epiteliales intestinales, que conllevarían intervención.

Y tú te vas de varilla, pasas más hambre que un naufrago en el Sahara, y acabas enamorado del que te mete un tubo con una cámara por salva sea la parte porque como bien decía Ortega y Gasset, el amor es irracional, un estado de miseria mental y una forma de obcecación. Como la de Miguelito que me tira los tejos continuamente y me pone de mozo de espadas en su libro, pese a que le he reiterado mi negativa a mariconear a estas alturas de la vida: He pasado por el colegio interno, por la mili y por la cárcel indemne y no me voy a cambiar de acera a las puertas del crematorio.

Vamos al motivo central: la sentencia Ábalos. No me voy a poner, sería un imprudente como para ingresarlo en urgencias psiquiátricas, no me pondré a darles doctrina a los señores del supremo. Me pondría en el sitio del maestro Ciruela en mi pueblo, que no sabía leer y puso escuela. Sin dar lecciones al Supremo, por primera vez en mi vida, estoy de acuerdo con la -¿líder?- de Sumar, la señora Yolanda Díaz. Por mucho que haya colaborado  – ya saben que en estos casos, mil  veces me ha pasado en la cárcel- cuando uno empieza a largar, se embala y hay que decirle que no se chive más. Me viene a la cabeza la Paca y sus líos “narcos”.  Se chivaba mucho pero siempre para su interés, nunca en interés de la verdad. Estoy de acuerdo con Yolanda Díaz en lo poco que le ha caído a Aldama que casi se ha ido de rositas y con la pasta siendo el que comenzó el asunto, el grupo de crimen organizado, en su calidad de corruptor y los otros de machacas. Conforme a lo que he leído hasta ahora porque hay mucha tela por cortar en este asunto.

Todos los medios coinciden, la sentencia es un aviso y una lección. No hay que ponerse en negativa, postura de los cacos bonifacios que pueblan las cárceles y que lleva generalmente al fracaso. 

Vamos a estar atentos   – yo desde el hospital, si me dejan los estertores de la muerte y el Can Cerbero empujándome para pasar la laguna Estigia y caer en el Hades- vamos a estar atentos a lo que viene. ¿Cantará el eldense Julito Martínez? ¿Cantará Santos Cerdán? ¿Cantará Leire?. Esto va a ser un orfeón que va a dejar pequeño al donostiarra.  Aldama director, sabe cantar y seguro que es capaz de dirigir a los otros, a la vista están los beneficios.

Pedro Sánchez ha dado la cara, después de esta sentencia, con un par: no salgáis a correr ni a hacer deporte en as horas de más calor. Tened cuidado. Seguimos adelante a pesar de las dificultades y las piedras del camino.