Autor: Manuel Avilés

Yo me consideraba un hombre de palabra. Cuando era útil, cuando era válido, cuando ostentaba un cargo y era un individuo tenido en cuenta. Entonces decía algo y lo cumplía. Ahora, arrumbado en una esquina, pintando menos que pichiculo en Londres, cuando en mi casa manda más que yo la chica que viene a limpiar, me tengo que conformar con los artículos que es donde me dejan actuar con libertad porque ni en la residencia de ancianos   – de día, nos dejan entrar e las nueve y media y a las diecisiete treinta nos mandan a la calle- pinta nada cualquier cosa que diga o propuesta que haga. Faltar a la palabra o cumplirla es lo mismo.

Me han dicho ya en todos los sitios que deje de escribir y de tocar los cojones  – me lo han dicho incluso cambiando el orden de las frases-, tengo mil amigos sanchistas que están hartos de decirme que Sánchez es el mejor presidente de la democracia y que yo me he vuelto un facha, no saben aun por qué. 

Sin ánimo de polemizar – a estas alturas lo que opine cualquiera me importa un rábano e incluso lo que opine yo me importa lo mismo porque, de ninguna manera, va a cambiar el curso de la historia, sigo pensando que el mejor presidente de España, desde el murciano conde de Floridablanca y desde el conde de Aranda, hasta nuestros días, ha sido Adolfo Suárez sin lugar a dudas. Le sigue inmediatamente Felipe González, pero ni Aznar, ni Rajoy, ni Sánchez le llegan a estos dos a la altura de la alpargata.

Súarez recibió un país destrozado, con la caverna ultrafascista y franquista preparando golpes todo el día, hasta que lo dieron, y consiguió esquivar todas las arremetidas. Las de la ultraderecha de Girón, de los excombatientes, de los nostálgicos franquistas, de los falangistas, de la iglesia antediluviana, y de los que seguían a los que nos estaban salvando desde la guerra contra los franceses y consiguió   – gran acierto de Torcuato Fernández Miranda porque a mi Suárez tampoco me gustaba cuando lo nombraron- llevar el país a trancas y barrancas hasta la modernidad. Felipe cogió el timón cuando el pobre Calvo Sotelo tuvo que retirarse porque aquel centro ficticio hacía aguas por todos los sitios y Felipe nos acabó de conducir al siglo XXI. Fue verdad lo que dijo el gran Alfonso Guerra: a España no la va a conocer ni la madre que la parió.

Los socialistas cayeron por su propio peso, por sus corruptelas  – desde las viviendas del sindicato de las gambas y las pasminas hasta los apesebrados de sueldecillos y paguitas sin dar golpe-. Felipe tuvo la vergüenza de dimitir y convocar elecciones el mismo día que no pudo hacer unos presupuestos. Ahora llevamos tres años sin ellos y este que entra que tampoco habrá y no pasa nada. Seguimos dirigidos por Puigdemont que desde Bruselas amaga pero no pega. Avisa siempre de que está ahí y su chica, la del pelo como torrente sobre los hombros, la de los dientes repasados cada semana en la clínica de mi amiga Pilar,  la generadora de frases  preñadas de sentido político avisa una y otra vez de que es la dueña de la legislatura. Tumba una y otra moción, hace perder a Sánchez una votación tras otra, pero nunca habla de moción de censura porque lo dejan cocerse en su propia salsa hasta que más de medio partido acabe ante los jueces.

¿Creéis que la decisión europea es un refuerzo para Sánchez ante los asuntos que lo asedian? En modo alguno. Los europeos se han lavado las manos como Herodes. ¡Oiga, que no fue Herodes, cojones, que fue Pilatos!  Ah, ¿Pilatos no se lavaba? Qué tío más guarro. Más guarro que el rey Sol   – Luis XIV, que el guillotinado fue el XVI- bueno pues el rey Sol, como un sindicalista que conocí cuando yo mandaba y al que tuve que mandar a su casa a ducharse, el rey Sol  – que no me disperso- solo se duchó dos veces en su vida porque estaba convencido de que el baño provocaba infertilidad y pérdida de fuerza. A ver si espabilamos y convencemos a algunos de que eso no es verdad.

La decisión europea ha sido una filfa absoluta, algo así como decir en voz alta y con solemnidad: el asunto que os lleváis con Puigdemont   – que no con todos los catalanes- es una cosa vuestra. “No afecta a los intereses financieros de los 27 ni  contraviene la legislación europea sobre terrorismo”. Eso es una larga cambiada. Amnistiarlo si queréis y no nos deis la paliza. Traedlo al Puigdemont y que vuelva a liderar a los puigdemones. A mi no me interesa ya porque habré palmado y en el infierno no hay gente del partido pujolista, pero ya veréis cómo se cumple la norma: todos los golpistas amnistiado vuelven a planear golpes, solo hay que mirar la historia desde Sanjurjo a Tejero. De Manuel, sanchista, que no te enteras.

Estoy retirado por completo. Ando por las mañanas con “la fresca” del amanecer que no es una señora ligera de cascos sino el airecito que queda de la noche cuando aun el sol no ha empezado a dar leña. Hago como que hago gimnasia y taichi aunque ya no tengo la esperanza de alcanzar los cien años que el taichi asegura. Mi chica me ha dejado tirado y me jodería andar, aun treinta años cabreado y con ataques de cuernos porque ella se ha ido con otro aunque ese otro la haya conquistado con una frase hortera y plagada de faltas de ortografía: “estoy disponible, es desir, en disposisición de aserte muy feliz”. Por mucho gimnasio que haga no voy a llegar a la altura de este Lopedevega, en materia de abdominales y deltoides.  Retirado, releo a los clásicos. He tenido dos orgasmos  – cosa que había olvidado- leyendo el niño yuntero de Miguel Hernandez, las Cartas Marruecas de Cadalso y otros dos con La guerra de nuestros antepasados de Delibes y el Arte de medrar de Maurice Joly, un manual del trepador que había que repartir en el Parlamento y en las sedes centrales de todos los partidos. Acojonante.

Los políticos han huido todos de vacaciones andan pendientes de que se cumpla aquella frase famosa de Cervantes: “Confía en el tiempo que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”. En eso estamos, a ver si pasa el verano y escampa.

Hoy estoy de luto. Se ha ido Alsina. Voy a intentar ficharlo para mi Quijote Negro e Histórico. Si viene, me podré dormir tranquilo porque mis amigas planetarias, Laura, Fátima, Isabel…, no han conseguido aún ponerme a tiro a Vicente Vallés con su Operación Kazán  y  La caza del ejecutor. Tendré paciencia.

Cerca de mi Quijote negro sobrevivo. Los libros no me dan dinero sino que me cuestan ¿Qué vale un billete de doscientos pavos o una salchicha o butifarra de las que hablaba Koldo, comparados con la lectura reposada del Libelo de sangre, de Sandra Aza, o La vida privada de Lide Aguirre?  Chavales, no seáis tontos, cojones, que las mortajas no tienen bolsillos y de aquí no se lleva uno nada