Autor: Manuel Avilés

Retrato realizado por Carolina Roca

¿Vais a creer antes lo que veis con vuestros propios ojos o lo que os digo yo? Esta es la pregunta esencial ahora. No hay un solo noticiario ni un solo programa de televisión que no tenga a Ceuta en su cabecera. La pregunta me huele a Inquisición, me huele a papismo  – no creáis nada, veáis lo que veáis, salvo lo que diga la Iglesia. Me huele a doctrina ayuna de cualquier espíritu crítico. La verdad oficial es lo único razonable y hay que asentir con los ojos cerrados. Si toda la historia, los hombres hubieran funcionado así  – Galileo, Giordano Bruno, Miguel Servet, Baruch Spinoza, Lutero,  Ludwig Feuerbach, Hans Küng  y tantos otros- aún estaríamos durmiendo y viviendo en las cavernas. El mundo ha avanzado por la existencia del espíritu crítico y por los hombres que no se han conformado con lo dado por bueno por la oficialidad, sin dudar, sin poner en tela de juicio lo que proclamaban los subidos en el machito del poder. 

Sánchez   – un fenómeno en la lucha y la instalación en el mando- tiene, cada día más, un modo de hacer “trumpista” – asco me da hasta el apellido, cosa que dejo clara para  los que comulgan con ruedas de molino tan campantes y reparten el insulto facha a diestro y siniestro. A ninguno de estos los vi corriendo ante los grises a finales de los sesenta  – lean mi libro Cuarenta años de cárcel- y repasen la historia cuando la policía franquista mató a tres albañiles en una protesta por las horas de trabajo y los salarios en la puerta de los sindicatos verticales de Granada. Yo trabajaba, sin contrato y sin seguros sociales, en una fábrica de plástico y estaba en aquella manifestación, en la que no vi a ninguno de los rojos, rojísimos de ahora que tanto han luchado por las libertades. No me toquen los cojones.

Hablo de la policía franquista, los grises de entonces, que la policía democrática es otra cosa y a ella y a la guardia civil, les debo la vida. Ni un solo pero a sus actuaciones.

Sánchez ha aprendido y adoptado la mecánica del dictador imperialista americano, un inmigrante antiguo exactamente igual a los que ahora él persigue y encarcela. Sus actitudes son exactamente iguales: negarlo todo   – tipo Sabina, lo niego todo, aquellos polvos y estos lodos. Lo niego todo, incluso la verdad-, y atacar siempre. Ellos verán si su actitud les va bien política y vitalmente.

Hace tres días comí con un marroquí. Hablando con tranquilidad me dijo textualmente: “En Marruecos no se mueven ni tres sin que se sepa, cuanto más ochenta mil personas”. Eso de que ochenta mil personas se acercaron andando por arriba y por abajo, por todo Marruecos, hasta la frontera para asaltar Ceuta, no se lo cree nadie. Sánchez dijo la verdad al principio, ha sido un ataque al territorio español, a su soberanía. Inmediatamente cambió, por utilidad política para él, y empezó a hablar de crisis migratoria. Pura falsedad. La política, para él y para muchos más, es el arte de mentir sin inmutarse. Solo actuó mal un jefe de gabinete, los demás, todos de puta madre. ¿Esto es inmigración? Ni por el forro. Esto es una marcha, una invasión política que dice: Nosotros entramos a España y la ponemos contra la pared cuando y como queramos. Exactamente igual que pasó con la marcha verde que organizó el padre del tirano que ahora manda y se enriquece en Marruecos.

Lo que me quedaba por oír, de un gobierno que me gustaba y al que admiraba en sus inicios, es que han elaborado un índice de periodistas con calificativos terroríficos  – es de izquierdas, facha, critico con el gobierno, tendencia de centro derecha, reconocido anti sanchista-. Empalmante  –  como dice el sanchista De Manuel-   el informe. Torquemada o Fray Diego de Deza, no lo habrían hecho mejor. Dicen en interior que solo era un documento de trabajo. ¿De qué trabajo?

El 11 de septiembre de dos mil uno, a las tres de la tarde, yo había terminado de grabar en Onda Cero mi programa de literatura. Con Luz Sigüenza me estaba tomando una cerveza en la Plaza de los Luceros en Alicante. Intentaba, declarándome por enésima vez, que Luz me aceptara en matrimonio por lo civil o por lo criminal. Empezaba el telediario y noté una conmoción en los locutores. Inmediatamente   -los sucesos hoy se retransmiten en directo- empezaron a salir imágenes de los dos aviones impactando en las torres gemelas, los edificios incendiados y el derrumbe de los mismos. En ese mismo instante pensé: esto no es un delito grave, esto es la tercera guerra mundial. Y sigo en esa creencia. Ortega y Gasset lo decía claramente: las ideas se tienen, en las creencias se está. Yo, por ejemplo, estoy en la creencia de que mi chica va a volver conmigo cualquier día de estos y cada día, después de levantarme, me ducho, me maqueo y me petróleo, esperando que venga, como los judíos esperan al Mesías. 

Desde Bin Laden ha habido   – los de mi quinta no veremos el fin de esto aunque estemos sufriendo sus consecuencias- mil grupos de guerra contra occidente en nombre de no sé qué dios  – todo pura política- que siguen con la guerra mundial que se desató el 11-S.  Intentan arreglar cuentas siguiendo las doctrinas, profusamente explicadas por los hermanos musulmanes, acerca de la explotación y el robo que occidente ha llevado a cabo, siglos atrás, contra la comunidad islámica. Esa es la doctrina, repetida mil veces desde mucho antes de Mustafa Kemal Ataturk y de Hassan Al Banna, es la oficial.  Lo de Putin con los ucranianos y lo de Trump con los iranies, es otro tipo de guerra, puramente imperialista y económica.

Y aquí estoy yo, retirado del mundanal ruido, como Fray Luis de León – natural del vecino Belmonte- en mitad de la Mancha, viviendo la literatura, que no de ella. Preparando el Quijote Negro e Histórico, festival literario que se ha aupado en tres ediciones, al número uno sin duda. No estoy, porque no me han dado plaza, dicen que aun soy un anciano útil y yo los perdono porque no saben lo que están diciendo, no estoy en la residencia de El Pedernoso, sino todo el día de acá para allá recorriendo lugares quijotescos para empaparme de la sabiduría del mejor escritor que ha dado la naturaleza, Cervantes. He estado en la Cueva de Medrano, donde estuvo preso por un lío con mi tatarabuelo Diego Pacheco de Avilés. Allí, en Argamasilla de Alba, con toda seguridad surgió a Cervantes la idea quijotesca: De tanto leer y tan poco dormir, se le secó el cerebro. He ido a El Toboso y me he reafirmado, a pesar de Don Quijote, de que siendo muy guapa Dulcinea, le falta un rato para equipararse con mi chica, que ya se la presentaré cuando vuelva. He estado en la Cueva de Montesinos, donde Don Quijote descendió y donde conoció al mago Merlín y he podido ir a Miguel Esteban para saber más del Hidalgo Acuña y visitar su casa. Este Acuña también se reclama como inspirador de Don Quijote por su afición a recorrer los caminos y montar grandes follones y pendencias.

Me asombra cada día y me resulta imposible no hacerlo, la riqueza cultural de España  y no entiendo a esos niños   – véase el informe europeo que nos pone en la cola de la sabiduría. Informe PISA, se llama-  que no leen, que no cogen un libro ni por equivocación y que andan todos los días con la nariz metida en los ordenadores, los móviles y las gilipolleces. Si Don Quijote viviera andaría a palos con ellos seguramente.