Autor: Manuel Avilés

Fotografía de Carolina Roca

De sobra sé que usted no me lee. También sé que tiene un gabinete de prensa que lee todo de todo y de todos los sitios y cada mañana, al amanecer, le prepara un dossier amplio   – no me refiero al Frente Amplio, que no hay nada más estrecho – sino al dossier. Todo lo que se publica que le afecta, o sea, el dossier va con todo, porque si hay  hoy en España, alguien que sea como el Uno de Plotino, es usted. Usted lo hace todo y, por eso mismo se le puede echar la culpa de todo.

Yo no estaba  – a estas alturas de la vejez, ya no me llaman para nada y, la verdad, me siento mucho mejor siendo un don nadie- en la lista de periodistas afectos o desafectos al régimen, entre otras razones porque no soy periodista ni me quiero hacer pasar por tal. En mi época de etarrólogo, me hice pasar por ordenanza, señor de la limpieza, mozo de almacén, aprendiz de mecánico, representante de lencería y en la mili de barbero. Otro día afirmé ser gay, para salir de una encerrona y luego he tenido que convencer a Miguelito  – véanlo en El Quijote- de que no me gustan los tíos. Fíjese la de oficios que he tenido.

Un día  caí del caballo como el judío Pablo de Tarso, sin estar yendo a Damasco   – llevaba cuarenta años de cárcel, entre terroristas, asesinos por otros motivos, estafadores, chulos de putas, macarras y expertos en apalancar pisos y en desplumar a enamorados- me di cuenta de que la vida es muy corta  – se murió en mis brazos mi amigo Antonio Asunción- un gran palo, se murió Tobalín cuando nos encajonaron en la pandemia y ahora Casilda, mi pequeña. La vida es muy corta para no exprimirla hasta la última gota. Perdí la mitad del sueldo e incluso me quitaron la mejora de pensión que me correspondía por haber tenido tres hijos  – me jubilé dos años y medio antes, conforme a la ley-, trabajé sin bajas ni trapacerías, me jugué el pescuezo y la vida entera y no me contaron los años que trabajé de niño en una fábrica de plástico porque allí no se aseguraba a nadie. Lo tomas o lo dejas, era cuando Franco. A pesar de poner el cuello para que me lo cortaran tampoco me dieron ninguna medalla con pensión añadida, que ya sabe lo que pasa con esas medallas. Este año creo que las han tenido que quitar porque eran, como algún premio de diversas artes, dado de antemano. Me jubilé y vivo la vida: las motos y la literatura. Pierdo dinero, pero… ¿qué hacemos, nos vamos a poner a ahorrar con setenta años? Escribo, como le digo a mi amigo Ulises Bértolo, como mecanismo de defensa. Todo el que se jubila y se dedica a ir por el pan y ver telebasura, se vuelve gilipollas en dos meses. Con las motos y la literatura me defiendo procurando mantener las neuronas en funcionamiento. No me interesa ser cachas de gimnasio. Ya descargué camiones de sacos de plástico para las máquinas extrusoras en aquella fábrica, como para hacer ahora ejercicios de fuerza. Sí me interesa no encasquillarme cuando me subo a la moto sin usar un taburete, ni tener que sacar el bastón para dar las curvas.

Hoy, mirando antes mil partes meteorológicos por la Dana Mediterránea que nos ha jodido, he salido de Alicante hacia El Pedernoso, el pueblo número uno de España en literatura y buena gente. El viaje ha sido un infierno como decía Rambo. Salgo bien y a partir del túnel de Villena se desata Satanás, cambiando la sartén  de freír clásica, por la niebla y el agua nieve. Cuarenta kilómetros temblando, como la primera vez que mi chica se quitó el sujetador y me dijo: amor, poco a poco.

Con el suelo resbaladizo, los camiones  no me hacían ni puto caso  – es historia del paleolítico lo de los camioneros caballerosos, que te ayudan, te dan paso avisándote su hay alguien y otras cortesías de maricón de playa. Si eres una moto, no eres nadie. Con la niebla que hacía imposible ver más allá de diez metros y la pantalla del casco nevada como el suelo de mi portal de Belén, me relajé, preparándome a bien morir. Di los dos pilotos de la moto, reduje la velocidad y pensé: Mi Casilda está cerca y voy a verla más pronto que tarde. No creo en el cielo que predican los curas, ni los imanes moros, ni los pastores protestantes, pero sí creo en el cielo de los perros y con Casilda y Tobalin hablo todas las noches. Me ha dicho mi psiquiatra que eso es bueno y que no me va a recetar ninguna pastilla. Es cierto que Tobalín y Casilda me están esperando. Puse en práctica, en medio del ambiente infernal y congelado, mi máxima de siempre: Cuanto mayor es el problema, mayor la tranquilidad. Mil veces he tenido que usarlo, me imagino que usted lo ha usado cien mil.

En Albacete  – Harbar, para los amigos- cambio el tiempo y volvió la primavera. Tardé en secarme los ochenta y pico kilómetros que lo separan de El Pedernoso pero no paré de temblar como la novicia de Don Juan Tenorio hasta que no me metí dos huevos fritos con lomo de orza, como solo los hacen aquí. No sigo hablando del tiempo, de la moto y de El Quijote Negro e Histórico porque me entusiasmo y no le digo las cuatro cosas que me urgen.

Señor Sánchez: yo lo he votado a usted, pero nunca imaginé que amnistiaría a un golpista, lo dejaría entrar de nuevo a España y fugarse otra vez. Ya verá como vuelve a intentarlo. Lo voy a contar lo mismo que le contaba a los etarras los años que dedique a  ese asunto, como si les diera ejercicios  espirituales. España  – un país- no es una unidad de destino en lo universal, no estaba en la m ente de Dios desde siempre – monserga fascistona ideada por los curas para contentar a Franco- ya sabe usted que los pelotas que buscan algo, se desarman lamiendo el suelo para agradar al jefe de quien dependen sus ascensos y su status.  España como todos los países – las fronteras no existían cuando andaban por aquí los dinosauros, es una creación humana. Económica, política, cultural, administrativa, histórica, lingüística… y no se puede poner en tela de juicio cada vez que un grupo más o menos exaltado la cuestione y le toque los cojones. Para eso está  la ley.

Peixoto  – Pagoaga Gallestegui- líder etarra antiguo que sufrió un atentado del Batallón Vasco Español, creo que ya muerto, decía un frase con mucho sentido: para crear un país hacen falta años y sangre. Tenía bastante razón en eso. Todo país quiere una lengua, una historia antigua, una epopeya… Un día comiendo con Arzalluz me hablaba de los mitos “tubálicos” y con el rollo de los ocho apellidos vascos y el grupo sanguíneo cero negativo, decía que los primeros que anduvieron por las montañas de Euskadi, fueron los descendientes de Noe, tras la diáspora del diluvio. Ahí nos enganchamos porque el diluvio es un mito, un cuento, una historieta que jamás tuvo lugar. Ni Noe ni su hijo vasco, Túbal, existieron. Más falta habría hecho el arca de Noe, en la dana alicantina y valenciana de estos días, lo mismo que a  mi me hace falta ahora una aspirina para aguantar los efectos de la congelación de esta mañana. Don Pedro, ha sido un patinazo bestial esa amnistía. Todo golpista reincide.

Esto no es un chorreo porque no soy nadie para corregirlo. Es una reflexión. Lo admiré cuando con su Peugeot abuelete, recorría usted España para revertir las puñaladas recibidas de la vieja guardia socialista. Fue digno de admiración. Es constante, peleón e inteligente, pero se acompañó de gente que no debía y ahí empezó su “Titanic” personal. Me extrañó ver a un portero de puticlub de jefazo de una comitiva que buscaba el poder. ¿Para qué quería a un aizkolari en la ejecutiva? También ver a un fontanero sindicalista, o sea, que no arreglaba un lavabo ni de coña, aunque se su debilidad por los de las gambas. Treinta y dos millones de euros he leído que les ha dado, como ayuda para sobrevivir. Así le organizan huelgas a medida y como mecanismo de publicidad para que sobreviva. ¿Y Ábalos? Lo conozco de antiguo, de cuando empezaba en Valencia y todos hablaban del “gran futuro en el partido”. Se la liaron bien con las chistorras, los apartamentos para novias y lo más gordo: un lego  en derecho, fontanero, que ahora creo que trabaja de chofer, llevando la batuta del estado en negociaciones internacionales cuando no ha aprobado ni el derecho romano. ¡Manda huevos!  Nómbreme a mi jefe de Puertos, Aeropuertos y Trenes y le lío un pifostio en dos días que hundo al país en la miseria. Hay que tener cuidado con los nombramientos. Si nombras a un ignorante lo hundes a él y te hundes tú.

Hay que hablar mucho más pero se me acaba el papel. Si no le molesta le mandaré otra carta. Baste decir que lo del baile, después de la votación a la búlgara como líder y candidato, me pareció una horterada. Yo me declaro a mi chica en silencio y bailo con ella en mi salón. Eso, fruto de la excitación pública, me olía a la Kirchner argentina, al Maduro venezolano y hasta al señor Landelino Lavilla cuando, despeinado, bailaba intentando remontar al CDS. Todo salió mal, déjese de bailes por mucho que las fans griten enloquecidas.