Autor: Manuel Áviles

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Casi estoy de aniversario. Dos aniversarios: el 4 de marzo uno y el 28 de marzo el otro. Hace diez años murió en mis brazos, sin mariconear, en silencio y tranquilamente, Antonio Asunción, hecho una piltrafa por el cáncer súbito y aceptando la muerte como algo que nos va a pasar a todos. Va a hacer ochenta y cuatro años que aquí, a veinte metros de donde escribo, moría otro genio, Miguel Hernández Gilabert. Dos Hernández un genio político y un genio poético, el mejor poeta mundial de todos los tiempos al que solo se le acerca un poco, Jorge Manrique, el de las Coplas a la muerte de su padre, que murió en la guerra entre Isabel la católica – bueno dejemos ahí el adjetivo y quien se lo puso, un papa golfo, pederasta, simoníaco e incestuoso- y su prima-hermana Juana la Beltraneja, una guerra civil familiar en busca del poder, como ahora, como siempre. Jorge Manrique murió a muy pocos kilómetros del Quijote Negro e Histórico y su muerte fue uno de los motivos, junto con los líos de Cervantes con mi tatara, tatarabuelo y que El Pedernoso fuese el lugar de la Mancha del que no quería acordarse.


¡Ayyyyy las monarquías y los papas, que enjuague. Ayyyy los dictadores. Ayyyy los ayatollás! Todos quieren ser monarcas y dejar a sus herederos el sillón del poder. Solo nos falta que Trump y Netanyahu, coloquen a sus hijos como cabezas de lista en el próximo pucherazo electoral, que Jamenei ya lo ha hecho desde el paraíso mahometano y el Jamenei junior dicen que esta forrado de dólares y euros con casoplones y negocios que tienen poco que ver con la espiritualidad.

Juan Eslava Galán, mi amigo – hay gentes que no deberían envejecer nunca- un genio de la novela histórica, una biblioteca ambulante, un hombre con un sentido del humor y una finura en la crítica que para mi querría. Juan Eslava escribió uno de sus innumerables libros, ´Historia del mundo para escépticos´ en él da las claves para ser rey, desde los inicios de la historia humana: ser un chulo, el más chulo, el más violento, el más sanguinario capaz de cortar las cabezas que fueran precisas para hacerse con el cetro.


Por eso yo, no es que los desprecie, pero ignoro a los nobles, a todos. Paso de ellos porque solo son gente, con pasta – en su momento, ahora pueden estar arruinados y con capacidad de maniobra-, gente que se unió interesadamente a los reyes de turno en comandita para crecer en la sociedad y en su economía. ¿Quieren un ejemplo de nobleza, tanto que fardan? El primitivo Duque de Riansares, fue un estanquero de Tarancón que se hizo guardia de corps y se enrolló potentemente con Cristinita, la mujer de Fernando VII, el gran cabronazo. Se casaron tan pronto palmó el felón y, la que tenía dificultad para quedarse embarazada, tuvo ocho hijos seguidos. El pueblo, cargado de mala leche y de humor cantaba: ´Se quejan los liberales que la reina no paría, y ha parido más Muñoces que liberales había´. La reina paría, el inútil – por mil causas- era el gran traidor. Todos los muñoces, antiguos estanqueros, duques, condes y marqueses. Nobleza de golpe y expertos en cobrar comisiones. Otra nobleza cojonuda. La madre del felón, era como dice Sabina, el putón de mi prima Carlota, pero esta era María Luisa de Parma, como a su nieta Isabel, no exigía nobleza que ya la ponía ella y le daba igual el centinela de la puerta, que el que limpiaba las corinas del palacio real. Catorce embarazos tuvo y, sincerada con su confesor, ninguno de su marido. También cornudo vocacional además de manitas con la ca pintería y noble. Mi amigo Juan Eslava entiende bien a los nobles y a la gente de alta alcurnia. A un putón, mayor que Carlota, la prima de Sabina, le estoy escribiendo la última novela, matándola, antes de ingresar en la Residencia para morirme, de la mano de ella, que me ha jurado estar a mi lado en ese momento definitivo, cuando la luna cierre su párpado. Caos absoluto. A oscuras me falta el aire. Sin ti no hay un mañana.


No soy de poesía, soy más de novela negra e histórica, como mi Quijote, el primer festival literario de España. Pero Miguel Hernández es otra cosa. El niño yuntero o Las nanas de la cebolla son la belleza hecha letra, la miseria hecha belleza.


Como nunca he sido de poesía, tuve que conocer al Teniente Fiscal de la Audiencia de Alicante, Miguel Gutiérrez, para contaminarme del mayor poeta de todos los tiempos junto con Jorge Manrique. Miguel Gutiérrez me regaló un libro suyo sobre el proceso a Miguel Hernández. Ponía, ufano, en la portada, que contenía el expediente completo del poeta y me tocó darle el disgusto de que tenía untrozo de expediente, pero no entero.


Hasta que llegó la Guardia Civil con los autocares de conducciones, los presos iban en los trenes antiguos, esposados y vigilados con el mosquetón para infundir respeto. El expediente se qu daba en la cárcel de origen. Miguel Gutiérrez me infundió el amor por Miguel Hernández y, como yo entonces mandaba algo, fui cárcel por cárcel, recopilando el expediente del poeta de
Orihuela.


Cayó preso en Huelva, intentando pasar a Portugal para irse a Chile, donde Neruda le había prometido ayuda. De ahí fue trasladado a la cárcel del Conde de Toreno en Madrid y de allí hasta la de Palencia. Desde los fríos de Palencia fue trasladado hasta el penal de Ocaña en donde conoció al dramaturgo Buero Vallejo, que le hizo el famosísimo retrato de carboncillo y de Ocaña fue traído a Alicante donde murió tuberculoso, aquí, a diez metros de mi casa en una enfermería que no existe, derruida cuando la cárcel de Benalúa – lean mis ´Cuarenta años de cárcel. Sin redención´-. El gran gurú de la sanidad carcelaria , don Amancio Tomé, certifico que no padecía ninguna enfermedad infecto contagiosa y podía viajar hasta Alicante…y a los dos meses murió por la tuberculosis. Muchos hernandólogos, que lo saben todo, nunca han dicho que yo he sido el que ha recopilado, recorriendo España, el expediente completo del poeta. Lo verían como una sombra para ellos. Me la suda la sombra. El 28 de marzo hará ochenta y cuatro años de su muerte.


Otro aniversario, diez años ya, de la muerte de Antonio Asunción. El ministro que dimitió sin tener que hacerlo. Con él estábamos cuando presentó su escrito, el general Ferreras de la Guardia Civil y yo. Tiró un teléfono contra la pared y exclamo: ¡esto es una gusanera!


No diré quien había en el despachito de al lado, un traidor, trepa profesional. Ya desenmascarado y que lleva su penitencia puesta permanentemente.


Ambos, Ferreras y yo le dijimos. ¿Tenía Roldán alguna orden de busca y captura? ¿Tenía alguna requisitoria policial? ¿Por qué tienes que dimitir si era un ciudadano libre que podía irse donde le diera la gana? Roldán los dos días anteriores a su ´fuga´, estaba en un pueblo de Zamora llamado Monbuey, cerca de Puebla de Sanabria. Tenía escolta y la despedía por las noches porque estaba en una finca con una novia rusa que tenía entonces. A quince kilómetros de Portugal y con dieciocho sitios por los que pasar la frontera porque desde siempre, cuando había front ras, los portugueses, como mi amigo Tavares, hacían contrabando por esos caminos: traían café, toallas, y cerámicas de Macao y pasaban para allá maquinas de coser y platos de duralex. ¿Qué le van a contar a un espía profesional?


Tras el cese, seguí comiendo con Antonio una vez al mes en el restaurante cincuenta y ocho, junto al estadio de Mestalla, intrigando y hablando mal del gobierno que es de lo que se trata. Hasta su muerte. Yo sé por qué dimitió realmente pero no lo diré nunca, como sé el cabreo, maldición incluida de Felipe con lo que entendía una fuga del ministerio.


No se ha reconocido nunca, aunque le pusieran su nombre a la cárcel que yo inauguré en el verano del 93, la gran labor de Antonio Asunción en la derrota de la banda terrorista que tantos, que no han dado golpe, se andan aun apuntando. Ni Rajoy, ni Mayor Oreja, ni aquel pequeño gordito sevillano cuyo nombre no recuerdo, ni Acebes, ni Marlaska…han hecho la mitad de la mitad que él contra la banda.


En fin, me valen estos recuerdos de abuelo cebolleta para olvidarme de que estamos de mierda hasta el cuello, que Trump y Netanyahu son criminales de guerra, que los Ayatollahs son unos dictadores sanguinarios y unos farsantes del más allá, como los han sido tantos siglos los p pas, los obispos y los inquisidores y que estoy hasta los mismísimos del cierre del Estrecho de Ormuz, de que bombardeen escuelas y no pase nada y de que ir al Pedernoso, al Quijote Negro e Histórico con mi Harley, me tengo al borde de pedir una ampliación de hipoteca que, este paso, solo me van a dar´ in articulo mortis ´.