Naturaleza salvaje
Una dinámica que de forma ancestral se ha repetido por eones a lo largo de la historia de la creación. Una dinámica natural en este mundo de dualidad. Blanco/negro, vida/muerte, alto/bajo, luz y oscuridad. Todas ellas polaridades que se dan de forma natural. Una no puede existir sin la otra. Y gracias a esas polaridades, hoy existimos en este mundo dual en la forma en que lo hacemos. El ser humano está compuesto de continuas polaridades sucediendo al mismo tiempo en su interior. Una contradicción constante.

Esta dinámica abusiva también está presente en la sociedad actual. Y lo ha estado a lo largo de la historia. Tanto a nivel personal como a otros niveles. Esta misma dinámica está presente en las políticas actuales, donde los gobiernos ejercen abuso de poder hacia los ciudadanos de a pie. Son leones encubiertos. Acechando. Y en ocasiones, cazando gacelas. Drenando nuestra energía de mil formas diferentes, mientras nosotros, los ciudadanos, permanecemos en gran parte, ignorantes de ello.
Recuerdo mi primer encuentro con un abusador. Mi propio padre. Ese fue el inicio de mi entrenamiento para poder despertar mi poder personal. Porque cuando a uno le pasan “cosas” en la vida, siempre hay que preguntarse: ¿para qué? Todo ocurre con un sentido.
Recuerdo como mi propio padre abusaba sexualmente de mi. Apenas tenía 3 años cuando esto ocurría. En una de esas ocasiones, conseguí reunir la rabia y la fuerza para pararle los pies. A mi corta edad, yo no sabía si eso estaba bien o mal, simplemente no me gustaba, no lo sentía bien y me hacía daño.
A las pocas semanas se fue. Y nunca más volvió. Quizá el acto de amor más grande, dentro de su gran inconsciencia, que pudo hacer por mí, por mi madre y mi hermano. Cuando se fue, a mí se me vino el mundo abajo. No entendía nada, pero por dentro sentía una gran culpa. Yo sentía que se fue por mi culpa. Y con ese sentimiento de culpa crecí. Aprendí desde muy temprano, que si ponía límites, si no hacía lo que se esperaba de mí, las personas próximas a mi entorno se alejarían y nunca más volverían. De ahí surgió mi historia de dolor. Una mochila muy pesada que cargué durante años, comprometiendo mi bienestar y mi energía vital para cumplir expectativas ajenas. Hasta que toque fondo. Y toque fondo de formas inimaginables para mi.

Hoy en día, agradezco con todo mi corazón que mi padre se fuera y no volviera. Mi historia ha sido una historia de dolor. Pero podía haber sido una historia de terror.
Después de mi padre, he pasado por muchos otros abusadores: ex-parejas, jefes, amigos, conocidos…queriéndome llevar la vida al momento en que empezó todo.
Mi recuperación es lenta, a veces más lenta de lo que me gustaría. Pero todo el proceso que estoy teniendo que atravesar me está ayudando a despertar mi poder personal. El poder de decir no cuando no quiero, el poder de escucharme sin culpa y sin miedo, el poder de saber quién soy y que no quiero más en mi vida. El gran poder que tiene un ser humano: poder elegir.
Hoy elijo diferente. Y cuando eliges diferente, eso a lo que llaman destino, cambia de rumbo.
Hoy, a ratos, puedo agradecer a los abusadores de mi vida. Porque sin ellos quizá nunca hubiera dado con mi poder. En otros momentos, acabaría con ellos de un plumazo.
Esas dos polaridades están en mi. El león y la gacela. Tengo parte de leon, tengo parte de gacela. Ni una, ni la otra. Para mí, el equilibrio está entre medias.

Desde una mirada sistémica, agradezco a mi padre por haber hecho posible estar en este mundo, por haber nacido. Sin el, eso no hubiera sido posible. Y le doy un lugar en mi corazón, pero agradeciendo que no esté en mi vida. Como decía mi abuela: “quien quiera honra que se la gane”.
No me considero superior a mi padre ni a ninguno de los abusadores con los que he tenido experiencias de abuso. Desde la inconsciencia cada uno replica lo que lleva dentro en origen. No culpo a quien en origen es abusador. Eso es lo que le ha dado la naturaleza. Pero en la luz hay oscuridad y en la oscuridad, luz. Desde la conciencia, el depredador puede descubrir que también tiene algo de víctima en él y la víctima puede descubrir que también hay algo de depredadora en ella, al igual que la gacela consume pasto. Ambos opuestos se espejan para conocer partes suyas inconscientes. El cambio está en responsabilizarse de lo que cada uno es en origen, mirarlo de frente, ponerle conciencia e integrar las polaridades existentes en uno mismo.
No quiero decir con esto que una víctima sea también una persona abusadora. Una víctima se parece a un abusador, en cuanto a que abusa de sus propios límites y se los salta a la torera. Aguantando durante largos periodos de tiempo situaciones desbordantes que atentan contra su propia integridad y vida.
Gran parte del trabajo de una víctima es ver qué aspectos suyos la han hecho caer en situaciones de abuso con personas abusivas. Porque cuando un individuo se convierte en adulto, tiene esa responsabilidad. No responsabilizo a la niña de 3 años que vivió tal atrocidad. Esa niña era totalmente inocente y acabó expuesta a manos de un desalmado al que ella llamaba papá. Pero si pongo la responsabilidad sobre los hombros de esa mujer adulta. Porque sin mirar qué pasa internamente y de dónde viene todo, está condenada a repetir eternamente esa situación con distintos personajes que la vida trae. Y la vida no lo hace como castigo. La vida vuelve a traer las mismas situaciones, una y otra vez, hasta que consiga resolver en su interior lo que está inconcluso. Y ese es el trabajo de la víctima. Porque si, cuando has sido una persona abusada, has sido una víctima. Y refiriéndome a víctima no quiero quitar el peso de esa responsabilidad que tenemos de ver en nuestro interior que nos ha llevado, una y otra vez, a ser individuos abusados. De ver, por qué, aunque veamos esas grandes «reds flags», seguimos intentando que una persona incapaz de amar nos mire con respeto. Sea lo que sea que te haya sucedido en la vida, en tus manos está poder cambiar el rumbo de ella. Tú tienes el poder de cambiarlo. Y nadie más.
En cuanto a los abusadores… la vida misma suele encargarse de ellos sin que la víctima mueva ni un dedo. Simplemente por la ley de causa y efecto.
Solo se puede salir de este tipo de dinámicas a través de la conciencia y la integración. Sin esto, estamos condenados a la repetición eterna.
Yo tuve que encontrar esa otra polaridad en mí para poder poner fin a los abusos. Para saber poner límites claros y firmes. Para poder blindarme. Y hoy, con mi conciencia en el corazon, conociendo de donde vengo, elijo resignificar mi vida y elegir diferente. Porque ya no necesito repetir. Le doy un lugar a todo lo acontecido para poder echar raíces y seguir creciendo.

León y gacela. Esa eterna danza entre abusador y víctima, de la que se puede salir a través del camino de la conciencia. Esa eterna danza que nos mantiene cautivos en una dinámica controladora, abusiva y mortal.
La paradoja es, que en la naturaleza animal, el león es un león y se muestra como tal. Cuando está dinámica es traducida a lo humano, el león no se muestra como depredador. Podría ser la persona con el aspecto más amable y amigable que te puedas imaginar. Porque traducido a lo humano, el depredador necesita acechar a la víctima, aparentar ser bueno y bondadoso, como estrategia de caza. Y solo cuando tiene a su víctima segura debajo de sus garras, ataca. Creando la consiguiente disonancia cognitiva con la que carga la víctima hasta poder darse cuenta de que esa persona, efectivamente, es un depredador sin escrúpulos.
Actualmente, esto se puede ver claramente con todo lo acontecido en el caso de la isla de Epstein. De cara al mundo, una persona ejemplar y exitosa. Tras el telón, tremendo psicopata, depredador de humanos. Al igual que todos sus compañeros políticos, monarcas, banqueros, abogados, “actores y un largo etcétera de individuos implicados en esta terrible trama.”
Mi padre no era quien yo creía que era. Y darme cuenta de eso, dolió hasta los cimientos. Pero ver la realidad me ayudó a salir de la disonancia cognitiva. He pasado toda mi vida esperando a que volviera un fantasma inexistente, una ilusión. Porque la realidad es que mi padre murió siendo un depredador. Y eso duele, pero también libera.
Hoy, sé que no fue mi culpa. Sino la consecuencia a una dinámica natural presente en este mundo dual.
Pero si es mi responsabilidad salir del ciclo de abuso y cambiar mi destino y el de mis hijos.

Mientras eres una víctima de abuso, de cualquier tipo, vives el abuso disociandote de la realidad, como si lo observaras desde fuera. Es un estado mental de neblina aparentemente sin sentido. O así puedes percibirlo una vez puedes ser consciente de lo acontecido. El abusador, para abusar, necesita no tener empatía. No sentir el dolor propio y cuanto menos el ajeno. Porque si sintiera su propio dolor, no podría hacer tal cosa. El dolor que causamos en otros nos lo causamos también a nosotros mismos.
Y sinceramente, me apiado de todos los abusadores de este mundo. Porque al final es mas viable recuperarse de un abuso que tener que cargar por el resto de tus días con el peso de tus acciones.
Finalmente, me quedo con la conclusión de que todo lo que no integramos y a lo que no le ponemos conciencia está destinado a repetirse por el resto de nuestros días, heredándose de generación en generación.





Deja un comentario