Autor: Gorri

En un panorama literario donde muchos autores evitan los temas incómodos, Carlos Tegé ha decidido recorrer el camino contrario. Su obra se adentra sin censura en el erotismo queer, las dinámicas de poder, el BDSM y los límites del deseo, apostando por una narrativa explícita que no busca provocar gratuitamente, sino explorar aquello que con frecuencia permanece oculto. Desde la autopublicación en Amazon ha construido una comunidad fiel y una identidad literaria propia, demostrando que las historias más arriesgadas también pueden encontrar a sus lectores.

Entrevista

  1. Tu literatura rompe muchos tabúes. ¿Escribes para provocar al lector o para liberarlo de sus propios prejuicios?

No escribo solo para sorprender o desconcertar por el simple gusto de montar un espectáculo. Lo hago para reflejar realidades profundas y despertar algo en las personas.

La provocación es solo el primer paso, pero es necesario. Sirve para sacudir las certezas que damos por sentadas, romper las inercias mentales y ayudar al lector a liberarse, por fin, de sus propios prejuicios.

2. En tus novelas el deseo casi siempre está ligado al poder. ¿Crees que toda relación humana, incluso fuera del sexo, es una negociación de poder?

Sin lugar a dudas. En cualquier ámbito de la vida, las personas sacamos instintivamente nuestras mejores armas para conseguir lo que queremos. Cada interacción se convierte, casi sin darnos cuenta, en una sutil negociación.

El deseo y el poder no son algo exclusivo del terreno sexual o íntimo: están presentes en todas las relaciones humanas. Desde la empatía más sincera hasta la ambición más descarnada, usamos la seducción y la persuasión para moldear nuestro entorno y a las personas que nos rodean. Al final, esa búsqueda constante de control e influencia es una de las cosas que más define nuestra naturaleza.

3. ¿Dónde está para ti la línea que separa una fantasía literaria de una apología de determinadas prácticas?

La literatura es un laboratorio. Un autor puede explorar el lado oscuro del deseo justamente porque el espacio de la página es seguro: permite procesar tabúes, ansiedades y pulsiones sin que eso implique un deseo de trasladarlos literalmente o de forma irresponsable a la realidad.

La fantasía explora el deseo y la vulnerabilidad dentro de los límites de la ficción; la apología cruza la línea cuando justifica o promueve la violencia real y la anulación del otro.

4. Has elegido la autopublicación frente a la edición tradicional. ¿Fue una decisión de libertad creativa o una consecuencia de que el mercado aún teme determinados contenidos?

Fue simplemente un reto personal.

Decidí autopublicarme porque era lo más cómodo y práctico. No quería andar llamando a puertas ajenas ni exponerme a posibles rechazos. Además, deseaba evitar cualquier inversión económica que no podía ni quería asumir en ese momento. De esta forma mantuve el control total sobre mi proyecto y aseguré mi libertad creativa desde el primer día.

Si un día, Amazon me cierra la puerta, supongo que llamaré a otras.

5. El consentimiento es un elemento central en el BDSM. ¿Piensas que la sociedad entiende realmente este concepto o sigue juzgándolo desde el desconocimiento?

En esta era de redes sociales, todo el mundo se siente con derecho a opinar aunque no tenga ni la formación ni la información suficiente. Cuando escucho hablar sobre este tema, la gran mayoría lo hace desde la mojigatería y un desconocimiento casi total.

La sociedad juzga con dureza sin entender que el consentimiento informado es la base fundamental de todo. Es más fácil señalar y condenar desde la ignorancia que detenerse a profundizar en algo que cuestiona sus propios prejuicios morales y su falta de información real.

6. Tus personajes viven entre el placer, la culpa y la necesidad de aceptarse. ¿Cuánto hay de observación de la realidad y cuánto de experiencias personales transformadas en ficción?

Es muy difícil escribir con honestidad desde el desconocimiento. Recordando el programa de televisión 21 días, cuyo eslogan decía «no es lo mismo contarlo que vivirlo», yo añadiría que hay experiencias que no se pueden plasmar con verdad si no las has vivido en carne propia.

Sin duda, mis propias vivencias y la observación atenta de la realidad son el motor que da verdadera profundidad y literaturidad a mis personajes. Es esa inmersión directa en la vida la que me permite explorar con autenticidad las aristas del placer, la culpa y esa profunda necesidad humana de aceptarse tal como uno es.

7. Si mañana tus libros llegaran al gran público y aparecieran intentos de censura o cancelación, ¿cambiarías una sola línea de lo que escribes?

No tocaría ni una sola línea. Quien de verdad ama la lectura jamás se alía con la censura. Mi obra se queda tal como está: dispuesta a seguir incomodando a la hipocresía, rompiendo prejuicios y sacando a la luz esas realidades que muchos prefieren esconder tras su falsa corrección.

Resulta alarmante ver cómo, últimamente, los discursos más intolerantes consiguen altavoces cada vez más grandes para difundirse sin filtro. Hay que recordarlo: la libertad de expresión no es una carta blanca para sembrar odio, promover el rechazo ni juzgar desde el desconocimiento.

A fin de cuentas, ante quienes buscan imponer sus dogmas o prejuicios —da igual si es en la calle, en las redes o ante un libro—, la respuesta más valiente sigue siendo sostener la honestidad. Hay que visibilizar las diferentes realidades y no dar ni un solo paso atrás cuando se trata de defender la libertad individual.

8. Más allá del erotismo explícito, ¿qué te gustaría que permaneciera en la mente del lector cuando cierre una novela de Carlos Tegé? ¿El deseo, la emoción, la reflexión o la libertad?

Más allá del erotismo, me gustaría que el lector cerrara una novela mía, con la sensación de que todavía le quedan experiencias por descubrir y emociones por exprimir. Que algunos pasajes despierten esa envidia sana que te impulsa a atreverte, recordándote que jamás es tarde para explorar nuevas formas de sentir y de ser tú mismo. Ojalá estas páginas inviten a pensar en las oportunidades que a veces dejamos escapar por miedo o por encajar en lo políticamente correcto. Si mis historias consiguen despertar curiosidad, valentía y las ganas de vivir con mayor libertad y autenticidad, habrán cumplido su verdadera misión.

Y, por supuesto, si al terminar un capítulo acabas con la polla dura, no pasa absolutamente nada por darte un gusto y descargar. De hecho, es la prueba de que la historia ha funcionado: ha sabido provocarte, excitarte y demostrarte que las palabras, cuando se escriben sin pudor, pueden ponerte mucho más que cualquier imagen.